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La Moraleja, en pie de guerra contra los pisos

El Pleno de Alcobendas aprueba mañana, en contra de la opinión vecinal, la urbanización de la segunda fase de La Carrascosa, un apéndice del residencial de lujo que tendrá bloques de cuatro alturas.

  • En la parcela A de La Carrascosa ya se ha iniciado la construcción de chalés pareados. Unas obras que han provocado desperfectos en la red viaria de La Moraleja
    En la parcela A de La Carrascosa ya se ha iniciado la construcción de chalés pareados. Unas obras que han provocado desperfectos en la red viaria de La Moraleja
Pablo Blanco. 

Tiempo de lectura 5 min.

03 de octubre de 2017. 00:54h

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La Moraleja es una de las urbanizaciones más exclusivas de la Comunidad de Madrid. Situada en el término municipal de Alcobendas, es un refugio para las rentas más altas formado por gigantescos chalets unifamiliares con altos setos que los protegen de miradas indiscretas, aceras tranquilas y coches de alta gama. Sin embargo, desde hace un tiempo los vecinos de este idílico y exclusivo enclave están en pie de guerra para defender su urbanización del problema que les amenaza: «el colapso total». Y es que, después de la recalificación para uso residencial de los terrenos de La Carrascosa, un apéndice al suroeste de la urbanización, se construirán en los próximos años más de mil viviendas, duplicando el número de residentes y de coches. Estos terrenos están divididos en dos partes: La Carrascosa A y la B. En la primera ya se levantan los esqueletos de 300 chalets pareados y este miércoles –en un pleno en el que PP y Cs votarán a favor– se dará luz verde, en medio del descontento vecinal, a la urbanización de la segunda fase.

Los vecinos de La Moraleja señalan cuatro problemas derivados del proceso de urbanización de La Carrascosa A que se verán agravados cuando comiencen las obras en el resto de los terrenos. El primer conflicto, según denuncia la Entidad de Conservación de la exclusiva urbanización –la organización que agrupa a los combativos vecinos–, es que «3.000 o 4.000 coches circularán diariamente por las calles, haciendo un uso intensivo de las ya insuficientes infraestructuras». Esta densidad de tráfico, suponen los vecinos, taponará las arterias circulatorias de las inmediaciones de La Carrascosa, un área en la que hay tres colegios y que ya es un «infierno de cláxones» en las horas de entrada y salida de las escuelas.

Accesos colapsados

El segundo es la ubicación de las nuevas viviendas. «La Carrascosa está en un fondo de saco y hay que recorrer toda la urbanización para llegar, ya que las carreteras más cercanas, la M-12 y la R-2 están en manos de empresas concesionarias que se niegan a hacer accesos hacia allí», señala un portavoz de la Entidad de Conservación del residencial de lujo de Alcobendas. El tercer trastorno es que, en una «espiral de degradación», añaden, el proceso de urbanización de La Carrascosa perjudicará «la calidad de vida y el valor (millonario) de las viviendas».

El cuarto, es un conflicto más de forma que de fondo. Y es que con La Carrascosa se romperá el modelo clásico de construcción. Las casas programadas son chalés adosados y bloques de viviendas de cuatro alturas. «La densidad de población de la Moraleja es de 2,4 habitantes por hectárea y en La Carrascosa será de 54 personas en el mismo espacio. Es un disparate. Va a estar todo muy prieto», concluyen.

El último trastorno que sufren los afectados en su tranquilo vecindario viene provocado por los ruidos de los camiones de obra que pasan por las tranquilas calles y levantan el asfalto. Los vecinos señalan que la solución para casi todos estos problemas pasaría porque el Ministerio de Fomento se hiciera con la gestión de la M-12 y la R-2, algo que, como pronto, se produciría en cuatro años. Para entonces las viviendas planificadas –300 chalets pareados y 725 viviendas en bloques de cuatro alturas– ya estarían finalizadas.

Los habitantes de La Moraleja cargan las tintas contra el Ayuntamiento de Alcobendas. Una de las vecinas más reivindicativas de la urbanización. Admite que «las ciudades tienen que crecer, y los Ayuntamiento deben financiarse también con licencias municipales, pero está claro que Ignacio García de Vinuesa, el alcalde de Alcobendas, no ha conseguido gestionar el problema. Se escuda en que es una situación heredada pero él no ha aportado soluciones». Porque el problema de La Carrascosa viene de lejos. El anterior gobierno municipal del PSOE recalificó los terrenos en 2005 para uso terciario. Sin embargo, la situación económica no permitió la construcción de oficinas. Todo esto cambió con la llegada del PP al consistorio de Alcobendas. García Vinuesa, regidor de la localidad desde 2011, entendió que la construcción de oficinas sería más perjudicial que la de viviendas y por eso negoció con los dueños de los terrenos –que en su mayoría pertenecen al BBVA– una nueva recalificación para destinarlos a uso residencial, algo que se aceptó sin mayores complicaciones por parte de todos los implicados, menos de los vecinos de La Moraleja, que ahora lamentan que «el Ayuntamiento del PP se haya cargado el lujoso enclave hundiendo el valor de los terrenos».

De oficinas a viviendas

En un duelo de narrativas, los vecinos de La Moraleja y el Gobierno Municipal tienen versiones distintas sobre los hechos que han conducido a esta situación y sobre lo que pasará una vez que comiencen las obras en toda La Carrascosa. Mientras la Entidad de Conservación explica que el Ayuntamiento se comprometió a paralizar las obras si las licencias eran recurridas, como así ocurrió, la corporación municipal señala que «nos comprometimos a no hacer nada sin consultar a los vecinos y por eso encargamos una encuesta a Metroscopia que arrojó unos resultados muy claros: solo uno de cada diez habitantes prefería el uso terciario para los terrenos del sureste de La Moraleja».

En esa misma guerra hay otros frentes de batalla. Los vecinos critican que la circulación de los vehículos de más de 4.000 habitantes nuevos colapsará las calles de la prestigiosa zona, pero el primer edil de la localidad, en conversación con LA RAZÓN, señala que el Ayuntamiento que él dirige ya ha puesto en marcha las gestiones necesarias para crear un acceso diferenciado a La Carrascosa en los cercanos terrenos de Buenavista. Respecto a los camiones de obra que circulan diariamente por la zona, Vinuesa explica que hay un vial exclusivo para ellos que les obliga a circular por caminos de arena hasta La Carrascosa.

Todas estas versiones se pondrán a prueba cuando empiecen las obras de La Carrascosa B. Hasta entonces los vecinos seguirán con su lucha, ya que no descartan presentar un recurso para paralizarlas.

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