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Las calles peatonales de sentido único colapsan Callao y Sol

El estreno del Plan de Movilidad Peatonal de Carmena para estas Navidades provocó más aglomeraciones en el centro. Los controles policiales en Preciados y Carmen hicieron «efecto embudo»

  • Los agentes encargados de controlar el acceso –sólo de salida o sólo de entrada– a Preciados y Sol no daban abasto
    Los agentes encargados de controlar el acceso –sólo de salida o sólo de entrada– a Preciados y Sol no daban abasto / Jesús G. Feria
Olaya González.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

03 de diciembre de 2017. 16:50h

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Olaya González.  Madrid. 3/12/2017

Bastan tres palabras para definir el ambiente ayer en el entorno de la Puerta del Sol, en especial en el entorno de las calles del Carmen y Preciados: confusión, indignación y aglomeración. Miles de personas abarrotaron el centro de la capital en la que fue la primera jornada de lleno total en el kilómetro cero, y que se prevé que aumente en visitantes en el puente de diciembre, el que más turistas trae a la ciudad en todo el año. Los agentes de la Policía Municipal, dispuestos en grupos de entre cuatro y seis efectivos, pusieron por primera vez en práctica el nuevo Plan de Movilidad Peatonal de Manuela Carmena para estas navidades. Convertidos en controladores de accesos hicieron malabares y aguantaron todo tipo de quejas, promesas y excusas al obligar a los peatones a que utilizaran la calle del Carmen sólo para ir de Callao a Sol y la calle Preciados para hacerlo de vuelta. A los agentes dispuestos en los extremos de las vías –tanto en las entradas como en las salidas– se unieron dotaciones adicionales en mitad de las calles, en la intersección con Maestro Vitoria y Mesonero Romanos, para intentar llevar a cabo el plan del Ayuntamiento diseñado para evitar aglomeraciones. Las restricciones se mantendrán en momentos de máxima confluencia de personas hasta el 7 de enero, previsiblemente de viernes a domingo y las vísperas de los festivos.

De las señales luminosas que en teoría iban a indicar el sentido de la marcha no hubo ni rastro.

El caos empezó hacia las seis de la tarde, cuando Policía Municipal y efectivos de Protección Civil empezaron a cortar el paso. Rápidamente, en Sol y en Callao se formaron embudos, porque muchos viandantes se veían obligados a desandar sus pasos entre protestas cuando los agentes les daban el alto. Si bien la mayoría se lo tomó con paciencia y emprendió el camino alternativo que marcaban los efectivos policiales, otros no estaban dispuestos a irse sin oponer resistencia. «Enséñame el reglamento donde dice que no puedo bajar por Preciados», exigió un peatón a uno de los agentes, que más tarde explicó a este periódico que la mayoría no ve con buenos ojos la medida impuesta por Carmena: « No sé qué tontería es ésta que ha hecho la alcaldesa, tiene cosas mejores en las que emplear a los policías», recriminó otro. Una joven trabajadora de un establecimiento de moda de la zona se lanzó a discutir con los agentes en el acceso desde Callao: «Déjeme pasar que llego tarde a trabajar», clamaba con la tarjeta identificativa de su puesto en la mano, pero sus súplicas resultaron inútiles. Ella, al igual que el resto de transeúntes que intentaban llegar a Sol por la calle Preciados, tuvo que atravesar la calle del Carmen para bajar.

Restricciones en Metro

El continuo ir y venir de confusos turistas y madrileños indignados también convirtió la Puerta del Sol en una ratonera. Las prohibiciones de acceso al centro con vehículo privado también se notaron en el transporte público, que se reforzará durante todas las Navidades pero que ayer tampoco daba abasto. Los vigilantes de seguridad de la estación de Metro de Sol tuvieron una jornada intensa, ya que fueron los encargados de informar a los viajeros de que solo podían salir a la calle por los accesos de Cercanías y Mayor. En las bocas de Alcalá, Carretas y Carmen solo se permitía la entrada, una medida habitual en los momentos en que las calles de la capital se ven desbordadas. Al colapso navideñose unió una manifestación convocada a media tarde en torno al kilómetro cero y secundada por centenares de trabajadores de Correos. «Qué agobio. Bienvenidos a Madrid en Navidad», advertía un joven a un grupo de amigos, todos turistas, mientras salían del Metro.

El panorama en Gran Vía era distinto. A diferencia de lo que ocurría los primeros días en los que se habilitaron los carriles peatonales adicionales, ayer no estuvieron desiertos y la gente se animó por fin a transitar por ellos, quizás obligados por el poco espacio disponible en las aceras. Además de bolsas repletas de compras, lo más común era ver móviles al aire que inmortalizaban rostros sonrientes frente a la iluminación navideña, alabada por la mayoría. Por la carretera predominaban taxis y autobuses, y los turismos privados se volvieron la excepción. En los extremos de la arteria, normalidad absoluta ante el cierre al tráfico privado. La mayoría de los residentes se acercaba a los agentes dispuestos en torno a las vallas con los documentos identificativos preparados, y el grueso de los que se acercaron a pasear al centro optó por el transporte público.

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