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Wanda: Estreno entre atascos y trenes a rebosar

Miles de aficionados optaron por el transporte público para llegar al nuevo estadio rojiblanco. Algunos llegaron hasta cuatro horas antes del encuentro para zafarse de las congestiones.

Tiempo de lectura 4 min.

17 de septiembre de 2017. 00:43h

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Los atléticos vivieron ayer un día de mudanza. Con el recuerdo presente del Vicente Calderón en la cabeza y con la nueva casa, el Wanda Metropolitano, aún por amueblar. Sin los accesos por carretera prometidos y sin tener urbanizado el perímetro, sólo la presencia de miles de personas enfundadas en rojo y blanco desde muchas horas antes del partido de Liga podía transmitir la idea de que algo podía inaugurarse. Sin ellos deambulando por la zona, la imagen se asemejaba a la de un descampado con las que, en unos meses, serán las nuevas calles que rodearán al estadio y que todavía ayer permanecían valladas.

Desde el Gobierno de Carmena se pidió a los hinchas que llegaran al Wanda con mucho tiempo de antelación, dos horas al menos, y los colchoneros siguieron tan a rajatabla el consejo que ya se contaban por miles a las once de la mañana. No sólo estrenaban butaca, también ruta. Con la posibilidad de utilizar el vehículo privado casi vetada, reservada casi en exclusiva a los 3.000 afortunados con un abono en los tres parkings municipales, y con la excepción de quienes se aventuraron a callejear para buscar un hueco en el barrio de Las Rosas, el transporte público se convirtió en la opción mayoritaria. Había que trazar un nuevo itinerario, ya no era Arganzuela el destino sino San Blas, y la línea 7 del Metro toma el relevo de la 5. Los vecinos del Calderón saben desde ayer que ahora tendrán que atravesar 21 estaciones del suburbano, una hora de trayecto y 16 kilómetros si optan por el coche. En el otro extremo de la ciudad, cerca de la casa del enemigo, los que comenzaron periplo en el Santiago Bernabéu, saben que lo tienen algo más a mano: 13 paradas, 50 minutos bajo tierra y 11 kilómetros sobre el asfalto. Fue el camino que hicimos, del Bernabéu al Wanda, como también Manuel y su familia: «Vivimos en territorio hostil, lo sabemos. Para nosotros no cambia nada. Antes íbamos en la línea 1 de Metro hasta Gran Vía y luego la verde hasta Pirámides. Sólo cambia que ahora lo cogeremos en el Bernabéu. Nos dará suerte».

Refuerzo insuficiente

En Gregorio Marañón, el peregrinaje toma cuerpo y color rojiblanco. Los primeros «kokes» y «griezmanns» en la espaldas de las camisetas. Muchas aún, la mayoría, con el escudo antiguo. La imagen de los andenes llenos de personas desde tres horas antes del inicio del partido fue el primer síntoma de que el refuerzo de Metro, con trenes cada tres minutos, no era suficiente. La imagen se repitió en Avenida de América y casi en todas las paradas, que pronto los aficionados se aprenderán de memoria, desde Cartagena a Las Musas. Con la llegada a la nueva estación Estadio Metropolitano, la primera de muchas ovaciones y cánticos de homenaje a los ídolos, con Luis Aragonés y Simeone, a la cabeza. «Si hemos ido como sardinas viniendo dos horas antes, verás a la vuelta», comentaba Raúl con sus amigos.

Al finalizar el encuentro los encargados de la seguridad de la estación de Metro tuvieron que parar a miles de personas las puertas para evitar que se amontonaran en el andén y se produjera cualquier tipo de incidente.

Ya a los pies del coliseo, Irene se felicitaba de que «esté ubicado en un sitio grande», aunque lamentando que las obras de urbanización «estén tan retrasadas». Javier, que vendrá con los suyos cada fin de semana desde Alcalá, también está entre los críticos con la falta de previsión en las obras: «Hoy es un día especial, la inauguración, venimos con los niños y está bien pasar el día aquí. Pero en invierno no podemos estar cuatro horas antes del partido porque al Ayuntamiento, al Gobierno o al Atlético les haya cogido el toro». Los hinchas se cruzaron durante toda la tarde con los vecinos del barrio, que también quisieron conocer el ambiente. La inauguración se dejó sentir también en la caja de los bares, que en los días de partido reforzarán la plantilla, como «Volapié», «El Estadio» o «9 musas».

Conforme se acercaba la hora del partido, se registraron algunos atascos en el acceso de la M-40, en la avenida de Arcentales, en la plaza de Grecia y en los accesos a los aparcamientos. Hubo quien sin tener plaza, como Daniel, encontraron aparcamiento sin problema: «He bajado por Aquitania y sólo di un par de vueltas por las calles pequeñas», explicó. Muchos optaron por llegar sobre dos ruedas convirtiendo las aceras de Arcentales en aparcamientos improvisados para centenares de motos, con el visto bueno de varias patrullas de la Policía Municipal.

Como sucedió con el dispositivo de Metro, la línea especial que conectará los días de partido Canillejas con el estadio, funcionó a pleno rendimiento aunque fueron también muchos los que optaron por desplazarse andando hasta las fan zone.

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