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World Pride: Un arcoíris político se unió a la macrofiesta

El centro quedó completamente cerrado durante todo el día para velar por la seguridad

  • La cara más desagradable del Orgullo la están sufriendo los vecinos de Chueca. Los residentes se han visto obligados a cerrar a cal y canto los portales debido a la acumulación de basura y orines en las entradas de sus casas
    La cara más desagradable del Orgullo la están sufriendo los vecinos de Chueca. Los residentes se han visto obligados a cerrar a cal y canto los portales debido a la acumulación de basura y orines en las entradas de sus casas
Laura L. Álvarez,  P. Blanco/ L. Pérez.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

03 de julio de 2017. 08:07h

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Azul, rojo, morado, verde... Son algunos de colores del arcoíris que, en la macrofiesta del World Pride, estuvieron representados ayer por sus respectivos responsables políticos. Tras la pancarta que arrancó el día grande del Orgullo se situaron populares como Andrea Levy y Javier Maroto, junto a los portavoces de Podemos y Cs, Pablo Iglesias y Albert Rivera, y el portavoz de los socialistas en la Asamblea, Ángel Gabilondo, entre otras autoridades socialistas. Detrás de ellos, cerca de dos millones de personas salieron a la calle bajo el lema «por los derechos LGTBI en todo el mundo». La manifestación «oficial» (el barrio de Chueca lleva 30 años celebrando el día del Orgullo) partió a las 17:30 horas de Atocha con alrededor de medio centenar de pancartas reivindicativas. Le siguieron 52 carrozas, este año con más vigilancia policial que nunca. Al igual que ocurrió con los vehículos que participaron en la cabalgata de Reyes, la Policía revisó hasta segundos antes de que arrancaran cada detalle de los camiones: test de alcoholemia a sus conductores, documentación de los vehículos y filiaciones completas de todos los participantes que iban a subir a las carrozas así como el cumplimiento de los aforos, de entre 65 y 70 personas por carroza. Y es que la seguridad ha sido la principal protagonista de este año. A Madrid se le juntaba ser sede de un evento mundial y hacerlo en un nivel de alerta antiterrorista 4. Por eso, las Fuerzas de Seguridad llevan meses trabajando para que toda la semana y, en especial, ayer, todo transcurriera con normalidad.

Casi 3.500 efectivos vigilaron la manifestación, por primera vez vallada en el tramo de desfile de carrozas, y cuyas intersecciones en el itinerario estuvieron protegidas por vehículos policiales y elementos disuasorios. De esos efectivos, la mitad aproximadamente eran Policía Nacional con sus respectivas unidades UIP, Caballería, UPR, Guías Caninos, Subsuelo y helicópteros. El resto fueron Policía Municipal, efectivos del Samur, Protección Civil y bomberos.

Aunque quienes han trabajado «en la sombra» han sido los expertos en la lucha antiterrorista. Desde Información se ha trabajado en la prevención y reacción ante la amenaza yihadista. Además de la medida más conocida (la prohibición de circular a los camiones de más de 3.500 kilos en el distrito centro, Retiro, Salamanca y algunos barrios de Chamberí para evitar atentados como los ocurridos en algunas ciudades europeas), estos agentes han tenido controlados 24 horas desde hace varias semanas a alrededor de unos 350 radicales potencialmente peligrosos. No obstante, fuentes de la lucha antiterrorista aseguraron que no trabajaban con ningún indicio ni amenaza concreta. También han trabajado estos agentes en la reacción y la posibilidad de intervenir ante un posible atentado de cualquier índole que, afortunadamente, al cierre de esta edición, no se produjo.

Esta seguridad se plasmó en la sensación generalizada de los asistentes que sí notaron más medidas que otros años como las restricciones al tráfico, el doble vallado o la intensificación de las requisas. Alberto y Juan, por ejemplo, comentaron que «hay mucha sensación de seguridad, hay mucha policía y esta todo muy tranquilo, además hay más Policía que en el Orgullo de otros años». A pesar de esta sensación de una constante presencia policial, ayer reinó la tranquilidad para que los terroristas no consigan, precisamente, uno de sus cometidos. «Si todo el mundo tuviera miedo no se celebraba ningún evento de más de cien personas», zanjaron Jaime y Rubén, otros dos participantes.

Aunque la semana del World Pride comenzó con una agresión homófoba por parte de dos neonazis que fueron arrestados, no se ha vuelto a producir un nuevo delito de odio aunque sí ha habido pequeños altercados en Chueca por reyertas que no tienen que ver con la homofobia. Durante la marcha, y según los datos hasta las 22:30 horas, el Samur atendió a apenas un centenar de personas en sus nueve puestos «SOS» desplegados a lo largo del recorrido. Sólo 14 de estas atenciones requirieron traslado hospitalario, siendo las más graves dos infartos y una intoxicación etílica.

La fiesta discurrió con tanta normalidad que hasta la Casa Real quiso felicitar a los participantes, instituciones y servicios que facilitaron «el desarrollo festivo» del evento a través de su cuenta de Twitter.

Condenando las agresiones y reivindicando la libertad fueron encaminados los discursos de la presidenta regional, Cristina Cifuentes y de la alcaldesa, Manuela Carmena en la plaza de Colón. Ésta fue la encargada de inaugurar el escenario dando la bienvenida en varios idiomas. «El año pasado nos hicisteis un encargo y lo hemos hecho. Hemos organizado el World Pride para vosotros», aseguró la regidora. «El derecho es para las personas, no las personas para el derecho», dijo Carmena, que terminó recordando a Federico García Lorca. Le cogió el testigo Cifuentes, que hizo referencia a esa manifestación de Barcelona de hace 40 años con la que se iniciaron las celebraciones del Orgullo en España. «Esta marcha es la continuación», dijo. Cifuentes recordó también que Madrid está siendo estos días «ejemplo en todo el mundo de libertad y respeto». Y también de concordia porque tanto ella como la alcaldesa dejaron a un lado sus diferencias para unirse en esta celebración y bailar juntas en el escenario antes de que arrancara el desfile de carrozas, que llenaron de música, color y mucho orgullo las principales calles de Madrid. Ellas también formaron parte del arcoíris político del Orgullo.

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