Sociedad / Madrid
Belén Tobalina.  / 04/06/2017

Cuando no importa el nombre de un perro atropellado

Los cuerpos de muchos animales son arrojados en la cuneta y no se les pasa el lector del chip

  • Este collar pertenece a un perro atropellado del que ninguna autoridad se hizo cargo en bastantes días. Su cadáver fue tapado con arena para gatos

Muchos de los animales de compañía abandonados o extraviados acaban vagando por las carreteras desorientados. En caso de atropello su microchip resulta esencial. Ahora bien, no siempre se procede a su lectura, tal y como han denunciado a este periódico desde diferentes protectoras. Es el caso de un galgo que corriendo por la carretera M-11 entre el kilómetro 7 y 6 dirección Plaza Castilla no logró saltar la mediana. “Una persona lo vio y detuvo su vehículo en el arcén. Al no poder cogerlo, llamó al 112 y le aseguraron que enviaban una patrulla al lugar. La chica pidió ayuda vía Facebook y contactamos con ella desde mi grupo RAH (Rescate Animal Hortaleza). Estuvimos buscando al animal por la noche, pero no lo localicé hasta la mañana siguiente que me fui con mi perro a caminar por la zona”, explica Soraya López, de Rescate Animal Hortaleza.

Nada más encontrar el cuerpo del animal, Soraya llamó al servicio de mantenimiento de la M-11. “El operario muy amablemente nos revisó todos los avisos pero no le constaba ningún atropello en esta carretera ese día. Pero al encontrar el cuerpo y ver la zona nos queda claro que tuvieron que retirarlo ellos, pues fue atropellado en el carril izquierdo y se dejó en el arcén al otro lado de la mediana. Además, para tapar un poco el cadáver lo cubrieron con sepiolita (arena para gatos)”. “Fuimos a pasarle el lector del chip, ya que no constaba en ningún sitio y quizá su familia lo estaba buscando. No dimos con él, sólo encontramos un collar sin ninguna identificación. In situ pedimos que vinieran de mantenimiento a llevarse al animal, ya que tienen la obligación de hacerlo, pues un animal muerto es un foco de infección y es muy desagradable pasear y verlo allí. Tras esperar más de una hora, nos marchamos sin que nadie viniera. Tampoco acudió la policía municipal a la que pedimos que hiciera constar el atropello en algún sitio por si alguien lo buscaba. Esto sucedió el domingo 23 de abril. Volví allí una semana después, el 29, y allí seguía el cuerpo, como un trapo tirado sin que la empresa a la que le compete realizar este servicio cumpliese con su trabajo”.

El 4 de mayo esta escena volvía a repetirse. “Una perra se escapó de una casa de acogida. Eran las 17:00 de la tarde. A las 23:30 nos avisaron y a esa misma hora llegó un aviso de un chico que había visto su cuerpo en la carretera”, explica Alma González, de Animales con un Nuevo Rumbo. Según el audio facilitado, el joven les indica dónde estaba el cadáver: “En el carril rápido, en el de la izquierda, como a un kilómetro-500 metros antes de la salida 44, ahí estaba. Lo mismo es un gato pero me pareció más grande, era así como blanco con tonalidad gris”.

“Según carreteras -prosigue Alma-, ellos efectúan el servicio a las 23:50. Al día siguiente, fuimos a su base para que nos dijeran donde fue atropellada. Nos dicen que están intentando localizar al operario. Les digo que necesito saber donde está la perra para pasarle el lector de microchips. La perra estaba descuartizada. El lector se podía leer y, sin embargo, nadie comunicó a la casa de acogida que habían localizado su cadáver. Esto pasa muchas veces y hay un gran número de familias que se dedicarán toda su vida a buscar a su perro. Después llamé a Carreteras y les dije que hicieran el favor de enterrar a la perra, al final lo hicieron. No hay derecho, la habían dejado tirada como si fuera un saco de mierda”.

En otra ocasión, Tea, una perra adoptada, “fue atropella en Madrid. La llevaron al veterinario que fue quién dio el chip de baja. Nadie avisó a la familia”, añade Alma.

En otras, la familia ha podido saber el destino de su can gracias a las protectoras. “Hemos presionado a los de carreteras y les hemos obligado a decirnos dónde habían enterrado a los perros cuando alguien nos había alertado de que habían visto algún perro de las características del extraviado por una zona. Al desenterrarlos, hemos podido comprobar en dos ocasiones que tenían microchip y que se podía leer. Sin embargo, no se había comunicado a la familia”, explica Carolina Corral, presidenta de la Protectora ALBA.

Aunque la lectura del microchip en caso de atropello es obligatorio, en el caso de la Comunidad de Madrid viene especificado en la ley: “En el artículo 13.4 de la Ley 4/2016 de Protección Animal está expresamente recogido que la retirada de animales con la previa identificación”, explica Arancha Sanz, abogada de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Madrid (Spap). En concreto, el artículo recoge que “la retirada de animales muertos en carreteras o vía pública se realizará previa comprobación de su identificación y aviso a su propietario, en su caso”.

La letrada incide en que, “aunque no venga expresamente especificado en las leyes de otras Comunidades Autónomas, eso no quiere decir que no tengan la obligación de hacerlo”. “Lo mismo que no pueden dejar el cuerpo sin más en la carretera, porque la ley estatal impide que cualquier ciudadano pueda enterrar a su perro en el jardín de su casa”.

Misma opinión brinda Francisco Javier Benito, presidente de la Asociación Española de Guardia Civiles (AEGC), que explica a este periódico cuál es el procedimiento. “En caso de atropello de un animal, la Patrulla de Tráfico nos avisa. Todos los equipos del Seprona tienen lector de microchip. Cuándo el animal tiene chip sale su identificación y se procede a avisar a sus dueños. El problema es cuando no lo tiene. Pero en ambos casos, los equipos de mantenimiento de carreteras han de quitar el perro de la carretera y llevarlo a incinerar. Aunque ésa ya no es responsabilidad del Seprona, sino de carreteras”, incide. Le preguntamos si eso se hace en la práctica. “Sí, es lo habitual, al menos cuando nos llaman a nosotros”, explica, aunque reconoce que “se ha denunciado a equipos de mantenimiento por no retirar el cuerpo en algún caso, porque no deben tirarlo al arcén”.

Un protocolo que al menos en ciertos tramos no siempre se cumple. Así lo denuncia un ex empleado de carreteras de Castilla-La Mancha, que nos pide no dar su nombre por miedo a represalias: “Te puedo asegurar que entre el tramo de la autovía de los viñedos, la CM-42, del kilómetro 53 de Consuegra al 127 de Tomelloso, que era mi zona, el reguero de cadáveres era continuo. No se leía el microchip porque no cumplen ningún tipo de protocolo. No se nos daban lectores ni nada, por lo que los animales atropellados se arrojan al arcén. Algunos con suerte los entierran. Te puedo asegurar que sólo en el 5% de los casos se pasa el lector y eso porque el conductor que ha atropellado el perro lo pide y se avisa a la Guardia Civil”. “No sólo acaban así los perros muertos, aquellos que han sido atropellados y que no tienen buena pinta se arrojan vivos al arcén. No se llama al veterinario, no se pasa el lector para poder avisar a sus dueños, no se les entierra como debería, no se hace nada de nada. Así funciona carreteras en algunos sitios”.