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Fandiño: Vuelta a la tierra del niño que no quiso ser pelotari

  • Momento de la cornada mortal que recibió Iván Fandiño en la plaza francesa de Aire Sur L’Adour/ Foto: Jennifer Harispe
    Momento de la cornada mortal que recibió Iván Fandiño en la plaza francesa de Aire Sur L’Adour/ Foto: Jennifer Harispe
Paco Delgado.  Madrid.

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19 de junio de 2017. 11:31h

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Paco Delgado.  Madrid. 19/6/2017

Amurrio se paró ayer a las 20:00 horas, cuando llegaron sus restos mortales al tanatorio donde será velado y posteriormente será incinerado en el crematorio de la cercana localidad de Llodio. Será el último y más doloroso paseíllo de su vida, ese que todo los toreros tienen en mente y con el que luchan antes de enfrentarse al toro, el que nunca se sabe que será el último, aunque ya tiene nombre «Provechito». Amurrio está apenas a diez kilómetros de Orduña, donde Iván Fandiño nació y vivió su infancia con sus padres y su hermana. Su familia era muy querida en el pueblo y ayer numerosos vecinos quisieron despedirse de él y expresar su pésame. Hoy se vivirá otro momento muy duro: a las 19:30 horas se celebrará su funeral en la Iglesia de Santa María. La familia del diestro, que estaba casado y tenía una niña que aún no ha cumplido los dos años, han pedido que puedan vivir ese momento en la intimidad. En Orduña era querido y reconocido, ya que en 2015 fue pregonero de las fiestas de la localidad. Se apreciaba su arte y sobre todo su carácter, directo, alejado de cualquier hipocresía. Fandiño fue el más destacado de los toreros vascos de los últimos tiempos. Nació en Orduña en septiembre de 1980, en el seno de una familia sin antecedentes taurinos, su destino estaba en un frontón, como pelotari, pero el pequeño Iván tenia otros planes muy distintos y, a pesar de su físico se empeñó en ser torero y lo acabó consiguiendo. Aunque para ello tuvo que recorrer un camino empinadísimo y nada fácil. En las capeas de los pueblos de Cuenca y Guadalajara forjó su espíritu y aprendió la dureza del toreo y, a finales del pasado siglo, recaló en la Escuela de Tauromaquia de Valencia, dirigida entonces por el que fuese matador Francisco Barrios «El Turia» y en la que ejerecía como profesor el antiguo banderillero Joaquín Mompó «Camiserito», con el que intimó y mantuvo una muy buena relación que se ha mantenido hasta el final: «Vino a la escuela en el 98 o 99 y estuvo un par de años. Era un chaval gordito y tenia que hacer una dieta muy rigurosa para perder peso. Pero lo daba todo por bueno por ver cumplido su sueño. De la mano de su amigo Néstor García, y lejos de truses y las grandes empresas taurinas, siguió con su empeño hasta que, el 25 de agosto de 2005, en Vista Alegre, se convirtió, por fin, en matador de toros, al cederle El Juli, en presencia de Salvador Vega, la muerte del astado «Afrodisíaco», castaño, marcado con el número 64, de 517 kilos de peso y de la ganadería de «El Ventorrillo».

Supo de mieles –triunfó en las principales plazas y ferias y estuvo en la élite del toreo– y de hieles –varias fueron las cornadas graves que sufrió a lo largo de su carrera y no pocos disgustos los que se llevó por no amarrar una faena, no estar a la altura en determinadas ocasiones o no ser tratado como su esfuerzo podría hacer esperar–, hasta que el destino le puso enfrente a un toro cuya muerte no le correspondía. Fue al hacer un quite cuando trastabilló y el astdo hizo por él, propinándole una cornada que acabó con su vida.

«Cada toro es una bomba de mano», dijo Luis Francisco Esplá, y esta le explotó al pobre Fandiño.

Tremendo mazazo el del sábado, 17 de junio, otra fecha negra para los hitos de la Tauromaquia. Cuando no hace todavía un año de la tragedia de Víctor Barrio, la muerte golpea de nuevo al toreo.

Muchos han sido los toreros que han manifestado su dolor y expresado sus condolencias por esta muerte. Los tres diestros actuantes ese día en Granada, por ejemplo, Ponce, El Fandi y Roca Rey, al conocer la noticia, abandonaron la plaza a pie y no a hombros en señal de respeto por su compañero y José María Manzanares anuló su actuación de ayer en Torrejón. Sebastián Castella explicaba que «la muerte se ha llevado a un amigo» y el ganadero Victorino Martín manifestaba estar «consternado por esta gran pérdida». Manuel Escribano, que ha estado casi un año en blanco por una gravísima cornada se mostraba desolado: «Sin palabras, buen viaje, compañero» y también Juan del Álamo, compañero del Fandiño en la trágica tarde y a quien correspondía la lidia y muerte del toro que acabó con su colega, se quedó sin habla: «Esto es muy duro para un torero, no tengo palabras...»

Asímismo, el Ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, presente aquel dìa en la I Corrida de la Cultura de Las Ventas, expresó su pésame: «quiero transmitir mis condolencias a la familia de Iván Fandiño, así como a los aficionados y al mundo del toro en general, a los que me uno en el sentimiento por la triste pérdida de este joven torero».

Y hasta la Casa Real ha querido mostrar sus condolencias por la muerte de Iván Fandiño. A través de su cuenta oficial en Twitter, Sus Majestades han reflejado su homenaje y recuerdo a la figura del torero de Orduña

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