Adolescentes prematuros con vicios de adultos

Adolescentes prematuros con vicios de adultos

22 Enero 10 - Madrid - Pilar Pérez

A través de la televisión e internet los pequeños copian modelos sociales. Abandonan los juguetes y comienzan a experimentar hábitos de «mayores»: tabaco, drogas y alcohol, que les lleva a acumular daños en su organismo
 

Precocidad nociva. Niños y niñas con apenas 13 años se dan cita en un parque para beber, fumar y experimentar todo aquello que les permita su «bolsillo». Pequeños adultos cuyo organismo, en pleno desarrollo, nunca terminará de formarse al cien por cien, o, al menos, nunca será uno sano. «Niños que actúan como adultos porque su modelo social ha cambiado. Ahora la televisión es el espejo en que se miran y buscan en ella los referentes», manifiesta el pediatra, Antonio Redondo, director web de la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia.
Ante este escenario ¿qué hacer? Antes de que lleguen las tiritas, las medidas paliativas, debería preguntarse el por qué: ¿Qué lleva a estos niños a abandonar los «escalectrics» y las «barbies» por minis de cerveza y porros? ¿Por qué prefieren «jugar ellos mismos a mamás y papás» que con sus muñecos?

El empujón
Desde la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes, su presidente, José Antonio Pastor Fernández, manifiesta que «sin lugar a dudas, nos encontramos ante una generación que sabe lo que quiere y que abandona antes la infancia, imitando actitudes y comportamientos propios de la preadolescencia cuando aún no ha alcanzado este estadio. Esta realidad se refleja en la demanda de juguetes, que se concentra en un periodo de tiempo cada vez menor, comenzando a ser sustituida a partir de los 10 años por videojuegos o productos con un elevado componente tecnológico». Esto muestra un acortamiento de «los tiempos de la infancia con respecto a unas décadas atrás, de modo que juguetes que iban destinados a franjas de edad superiores son adoptados por niños más pequeños, ávidos de toda suerte de novedades, especialmente tecnológicas», añade Pastor.
La actitud de los padres resulta clave. En la actualidad, «el todo vale» ha desencadenado que los pequeños de la casa vean en sus modelos, sus padres, una permisividad que les abre la puerta de todo.  «Los chicos y chicas de entre 12 y 16 años tienen un reto muy importante: dejar atrás la infancia para avanzar en su maduración hacia la vida adulta, por lo que necesitan un entorno familiar adecuado», apunta María Luisa Arroba Basanta, de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. «Los padres tiene que actual como tal, ser amigos de sus hijos es una utopía. Ante todo se debe mantener una autoridad y, al mismo tiempo, cierta complicidad que les permita conocer a sus hijos. Pero sobre todo escucharles, eso es fundamental para poder saber qué les pasa, quiénes son sus amigos y en qué círculos se mueven», manifiesta Redondo.

Antes de tiempo
Frente a una sociedad que les permite y les ofrece  «todo», los todavía niños imitan las actitudes de los modelos sociales –ante una ausencia paternal– que les llegan a través de los medios, sobre todo de la televisión, Los jóvenes inician su madurez «social» a los 13 años, algunos incluso antes. En ese momento, según las estadísticas del Ministerio de Sanidad y Política Social, un 80 por ciento ya ha dado más que una calada a un cigarillo y tan sólo un año después toman su primera copa. Ese debut en sociedad se completa cuando se inician en el mundo de las drogas, meses más tarde, a través del cannabis.
Con este retrato muchos jóvenes, aún niños, se creen ya maduros, en una sociedad que parece adoptar cada día estas actitudes con normalidad. «En circunstancias en que hay sobrecarga de experiencias inapropiadas para la edad el desarrollo puede tomar una senda aberrante que conduzca hacia una “falsa madurez”», manifiesta Valentín Martínez Otero, doctor en Psicología y Doctor en Pedagogía y profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid. El director del Instituto CEU de Drogas y Conductas Adictivas, Javier Romero, afirma que «cuando se consume alcohol por debajo de los 18 años se multiplica por cuatro la posibilidad de sufrir adicción en una etapa más madura».
Por otro lado, los medios de comunicación, sobre todo internet y la televisión, se convierten en los nuevos «educadores» de los pequeños. En este sentido, Paulino Castells, doctor en Medicina y Psiquiatría y profesor agregado de la Licenciatura de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona, menciona la falta de tiempo y dedicación de los padres a sus hijos. «Hay ausencia de “vitamina T” en las familias. Los chavales carecen de momentos con sus progenitores y eso les hace más propensos a buscar lo que les falta en los grupos de amigos», apunta Castells. Esta circunstancia queda reflejada en un estudio llevado a cabo por la Facultad de Medicina Weil Cornell de Nueva York (EE UU). «La opinión de los padres siempre es importante y tienen un papel esencial como modelos de sus hijos. Un comportamiento ambivalente y permisivo reforzará su tendencia a refugiarse en el grupo, lo que les abre las puertas a experimentar con las drogas, el alcohol, el tabaco y el sexo», asegura Jennifer A. Epstein, directora del estudio.
Desde que los niños toman conciencia del mundo que les rodea, apenas con un año de vida, la sociedad les bombardea con estímulos que desvelan por completo los secretos del mundo del adulto. «Ya no hay parcelas por descubrir, los medios se han ocupado de enseñarlo. Algo impensable hace unos años, cuando los padres eran quienes, según la madurez del pequeño, iban poco a poco explicando los porqués de la vida», asegura Castells. Además, este experto subraya que esta precocidad se traducirá en crisis depresivas y estados de ansiedad en la edad adulta.

¿Daños irreparables?
Los expertos señalan que cualquier tipo de tonteo esporádico con el tabaco, deja su huella en los pulmones. «Da igual que sea con 15 que con 18, aunque el lastre de consecuencias comenzará antes, porque el fumador precoz multiplicará el riesgo no sólo de cáncer sino que además predispondrá a su cuerpo a padecer enfisemas, bronquitis, EPOC –enfermedad pulmonar obstructiva crónica–, además de anginas de pecho e infartos de miocardio», apunta Carlos Jiménez, coordinador de Tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ). Dado que el tabaco constituye el primer elemento que «engancha» a los pequeños, «resulta clave señalar que la nicotina confiere una adicción cinco veces más fuerte que otras drogas. Lo que predispone a un consumo que se afianza con el paso del tiempo», añade Jiménez.
Además, los daños son acumulativos y sálvese la parte del organismo que no se vea perjudicada por la precocidad. Según la  «Encuesta de Salud Sexual en España 2009», del Ministerio de Sanidad, los chicos tienen su primera relación antes con 17-18 años, al igual que las chicas, aunque ellos llegan a ser más precoces con 15-16 años.
Y la alarma salta cuando sólo un 60 por ciento usó un método anticonceptivo. Desde la Sociedad Española de Ginecología Obstetricia (Sego), su presidente José Manuel Bajo Arenas, asegura que la ausencia de protección eleva el riesgo de ETS –enfermedades de transmisión sexual– y que además si se combinan con el tabaco y el alcohol, se reduce la posibilidad de embarazo en el futuro. Por ello, aconseja que ante el gran abanico de medidas que previenen las ETS y los embarazos se parta siempre de un consejo médico, puesto que el abuso de las medidas de urgencia –píldora del día después o el aborto– tienen consecuencias a largo plazo como la alteración del normal funcionamiento del aparato genital femenino. «Respecto al numero de veces que puede abortar no hay nada escrito, pero no debe ser utilizado como contraceptivo, ya que cada vez que se produce una evacuación del útero, existe riesgo de hemorragia e infección. Si bien este es pequeño, cuantas más veces se haga más probabilidades de complicaciones existen», apunta Bajo Arenas.

Menos oportunidades
La factura de la precocidad puede ser aún más cara. Si los pequeños se juntan con compañías como el cannabis podrían sufrir desde una corta edad pérdida de memoria y capacidad de concentración, lo que se traducirían en fracaso escolar, y problemas de conducta, como agresividad, apatía, disminución del apetito o insomnio. Así concluye «Cannabis II», el segundo informe sobre esta droga que realiza en tres años –el primero data de 2006– la Delegación del Plan Nacional sobre Drogas.
En concreto, según la experta en adicciones, Ana Sánchez, que presento el informe «Cannabis II», un 3,2 por ciento de los adolescentes españoles lo consume cada día, lo que puede generar «daños severos en el tejido cerebral», y queda afectada a la capacidad de concentración y la memoria a corto plazo. Además, según Sánchez, no es extraño que sólo un dos por ciento de los estudiantes que consumieron cannabis consiga un título universitario.
Si las drogas cierran puertas al futuro, el alcohol también pone de su parte. Los jóvenes de que pasan el fin de semana con un «mini de calimocho» o de «whisky con cola» ponen en peligro su materia blanca, zona del cerebro que se encarga transmitir la información de un punto a otro. Así, concluye un estudio publicado en una revista científica «Alcoholism: Clinical and Experimental Research».
 

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