Mario Romero: «Camino aunque se me salten las lágrimas»
Hace ocho días la Semana Grande de Bilbao, a una tarde de echar el cierre, vivía otro capítulo, de esos que dejan mal cuerpo, a toda la plaza. El torero de plata y subalterno de Iván Fandiño, Mario Romero, recibía una fuerte cornada que le dejaba tumbado en una cama de hospital. Todavía con la pierna muy inflamada y las heridas frescas, Romero ya se pone en pie y camina, aunque, confiese, “se me salten las lágrimas” del dolor.
La recuperación se anuncia lenta y Romero afirmaba que “la temporada, incluida la americana, se termina para mí”.Pese a este contratiempo, el banderillero se mostró animado al ver que “la fiebre comienza a remitir” y sentir que “todo empieza a ir mejor”. Romero se atrevió, incluso, a hablar de una posible alta hospitalaria para comienzos de la próxima semana.
Además, aseguraba, que “al mínimo resquicio de mejora, me lanzo de cabeza”, por ello, en su mente sólo está la vuelta a casa y “recuperarme para poder luchar por lo que quiero”.






















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