Cartas desde Silos
A Raúl del Barrio por Víctor M Paílos
Hay entrevistas que permiten entrevernos. Una de ellas, en efecto, nos ha permitido conocernos, saber de tus anhelos como joven padre de familia, como educador, como creyente. Te has puesto el mundo por montera y, por eso, ha sido tan fácil comprendernos y tan natural respetarnos.
Promueves en nuestra región un proyecto educativo ambicioso, al servicio de los jóvenes con más talento y menos oportunidades. Aspiras, junto a tu colaborador Roberto Ranz, a otra educación y crees que la verdadera reforma educativa ha de partir desde abajo. Piensas que la educación es una relación entre el educador y el alumno y que toda relación, para que funcione, ha de engrandecer lo que en ella es más pequeño y empequeñecer lo que en ella parece más importante. En el caso de una relación educativa, el verdadero protagonista no puede ser el docente sino el que se sienta en el pupitre. Y protagonismo no es tiranía del menor sobre el mayor, mil veces peor que la tiranía natural sin inversión de roles.
El docente capaz de convertir a sus alumnos en protagonistas de la relación educativa es el único que ha conservado la autoridad en la clase. Por desgracia, en la familia y en la escuela se ha perdido precisamente esto, autoridad. Y se ha la ha perdido como se pierde todo aquello de lo que se hace un abuso reiterado. El abuso de la autoridad en casa y en la escuela ha sido siempre el autoritarismo. Se ha confiado la autoridad a los símbolos y a los actos. Se le ha restado, en cambio, a la vida y a las obras.
Por eso tiene tanto porvenir esa educación para el talento y el humanismo que vienes promoviendo, Raúl. Por eso estoy contigo.




















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