Ineficacia ante el temporal
Treinta y seis horas después del temporal de nieve que se ha abatido sobre buena parte de Cataluña, aún había ayer más de doscientas mil personas sin suministro eléctrico y telefónico, decenas de carreteras cortadas o con tráfico restringido, más de quinientos colegios cerrados, zonas urbanas sin normalizar y transportes públicos a medio gas. A medida que derrite la nieve se enciende una fuerte protesta ciudadana contra los responsables de la Generalitat, en especial contra el conseller del Interior, Joan Saura, cuya gestión de la crisis ha sido nefasta y bochornosa. Para calibrar su fracaso bastaría con señalar que ni siquiera estaba en Cataluña cuando se desató la tormenta, sino en Baleares, dando una conferencia política, a pesar de que dos días antes era de dominio público que se aproximaba un temporal muy duro. Es cierto que hacer frente a una nevada excepcional no es tarea sencilla y que por muchos medios que se movilicen nunca serán suficientes para mantener el funcionamiento de todos los servicios públicos como si no pasara nada. Pero los gobernantes están obligados a anticiparse a los problemas y a afrontarlos con el menor daño posible para los ciudadanos. No ha sido el caso de Cataluña, donde la Generalitat hizo caso omiso de sus propios servicios metereológicos, minusvaloró el alcance del temporal y no supo reaccionar con diligencia en los momentos críticos. Resulta asombroso, por ejemplo, que no se acometieran acciones preventivas tan elementales como echar sal suficiente en las principales calles o desplegar las máquinas quitanieves para que el tráfico pesado no se interrumpiera en las grandes vías de comunicación. Pero si lamentable ha sido la gestión de Joan Saura, son todavía peores las excusas en las que se ha parapetado, como culpar a los metereólogos por sus previsiones o lamentar que la gente no se hubiera quedado en casa viendo nevar por las ventanas. También se ha echado en falta más coordinación institucional, sobre todo en Barcelona y en Gerona, pues lo que se ha puesto en juego ha sido la eficiencia del Gobierno catalán en situaciones de emergencia. La pésima respuesta dada por las instituciones autonómicas no es algo de lo que puedan presumir sus responsables, sobre todo cuando otros servicios estatales, como el aeropuerto de El Prat, funcionaron razonablemente bien. No son éstas las mejores credenciales que los dirigentes socialistas de Cataluña y sus socios de Gobierno podrán presentar en las próximas elecciones autonómicas. La mayoría de los ciudadanos no entiende que sus políticos empleen el tiempo y el dinero del contribuyente en debates muy secundarios, como la prohibición de la corridas de toros, y a la hora de la verdad, cuando más se necesitan gobernantes resueltos y eficaces, rehúyan sus obligaciones o se sacudan de encima sus responsabilidades. Este temporal no sólo ha azotado ciudades y pueblos catalanes; también ha puesto de relieve la situación terminal de un Gobierno tripartito que hace muchos meses que viaja con el piloto automático y vegeta a la espera de que las elecciones autonómicas pongan a cada cual en su sitio.















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