La escritora ha vuelto en este libro a las narraciones cortas

Un viaje de liberación

Diccionario Inteligente
10 Marzo 10 - Joaquín ARNÁIZ

Soledad Puértolas, la última novelista en ingresar en la Real Academia Española, publica su quinto volumen de cuentos

En el gran cuento de la posmodernidad no suelen gustar los cuentos. El público actual es más dado al novelón que al relato. Esa es otra de las características diferenciadoras de Soledad Puértolas. Su acentuada tentación por el cuento, por unas narraciones donde la extrañeza, la palabra de quien habla frente al espejo y no se reconoce (en este último libro de relatos, «Compañeras de viaje», se publica «Espejos»: una mujer que no se reconoce en su espejo), o por ese movimiento que hacemos en un momento de nuestra vida y que nos cambia para siempre, determinan un fascinante quinto libro de relatos para quien es la quinta académica que nombra la Real Academia Española. Las mujeres de Hopper, atrapadas por estar de espaldas al escenario; los personajes de Carver, cazados por la mezcla súbita de ajenidad y sentimientos, quizá están en la misma columna vertebral de esta autora, que al ganar el premio Sésamo en 1979 con «El bandido doblemente armado», introdujo en las letras una voz tan personal como creativa. El premio Planeta del año 1989 a «Queda la noche» o el premio Anagrama de Ensayo, 1993 a «La vida oculta» señalaron una trayectoria con obras como «Una enfermedad moral», «Burdeos», «Si al atardecer llegara el mensajero», «Adiós a las novias»...


Espejos sociales
En una sutil ironía hacia aquella frase del compromiso político de los sesenta («compañeros de viaje»), Puértolas toma una serie de personajes para hablarnos de cierta soledad «especular» del alma femenina, o mejor dicho, de las mujeres que «acompañan» a los hombres en un viaje. Llegan a una ciudad desconocida, y entonces se quedan solas. Allí deambulan no tanto por la ciudad, sino por sus recuerdos. Esos viajes, donde ellas sólo iban a ser «compañeras de viaje», se convierten en tránsitos iniciáticos, y en esa ciudad estas mujeres pasan de ser meros espejos sociales de sus maridos a transformarse en espectadoras de su frustrante mundo. Y finalmente se transmutan (de Stendhal  pasamos a Kafka), a partir de un giro inesperado, en protagonistas: por último, las compañeras de viaje abandonan a sus parejas, es decir, en la metáfora de Puértolas, a los «líderes del partido» (de hecho en varios relatos de este libro las relaciones son con jefecillos de la lucha antifranquista de la universidad). Viajes de vacaciones a Galicia, de estudiante «au pair» a Londres, a Corea, a París o incluso un viaje final a un pueblecito de Noruega (quizá autobiográfico, pues en Noruega estuvo Puértolas con su marido a los 21 años), nos mostrarán esas almas en las que indaga Puértolas, espíritus que son como antiguos armarios de luna, con espejos empañados y cajones de recuerdos inesperados. De alguna manera, todos somos compañeros de viaje de nosotros mismos en un camino de losas amarillas que acaban al otro lado del espejo Disney: en cenizas, olvido y muerte.


Literatura
Soledad Puértolas
«Compañeras de viaje»
Anagrama
217 páginas. 17 euros

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