Humilde y exacto por Juan Eslava Galán
«Todo argumento es banal, sólo la manera de contarlo puede darle vida propia». Esta máxima, la octava del librito «Cuadernos de Escritura» de Carlos Pujol, ¡cuánta sabiduría encierra! Todavía abrumado por la noticia de su muerte quisiera dar vida propia al argumento de su vida para mostrar quién fue Carlos en el limitado espacio de esta columna. Era un hombre delgado y tímido, con una hermosa voz que apenas dejaba oír porque le gustaba más escuchar. Era un hombre sabio en muchos saberes que había recorrido las letras de la gran literatura europea, especialmente la francesa, un humanista moderno docto en variados saberes que brindaba generosamente a los que solicitaban su ayuda. Podía, de lejos, parecer un hombre serio, pero en la distancia corta se mostraba mesuradamente alegre, y buen dominador del humor inteligente («Dos formas de subvertir la realidad –escribe en su máxima 22–: la poesía y el humor»).
Había traducido, en terso castellano difícilmente mejorable, a los más grandes entre los clásicos: Ronsard, Stendhal, Balzac, Proust, Shakespeare. También a autores no tan grandes, pero igualmente estimables como Simenon (en el tiempo en que los papagayos de la cultura lo consideraban un escritor menor sin haberlo leído). «La traducción como gimnasia del escritor –escribe en su máxima 11–, el puro ejercicio de las palabras que hace ser más humildes y exactos». Humilde y exacto, así era él. Un gran escritor, un crítico lúcido y generoso, un maestro ilustrado y un amigo afectuoso y siempre dispuesto a ayudar. Se fue como vivió, discretamente, con humildad y silencio.




















Envía esta noticia a un amigo