Las falacias de la abolición
La abolición de las corridas de toros en Cataluña, además de usurpar uno de los bienes culturales más característicos del acervo cultural español, supuso un ejercicio de cinismo político. Como se puede constatar en preámbulo de la Ley 28/2010 de 3 de agosto, que modifica el artículo 6 de la Ley de protección de los animales, los toros son equiparados neuronal y emocionalmente con los seres humanos. Esto es una muestra de la falta de rigor científico que tienen los postulados abolicionistas.
El texto legislativo firmado por el Presidente de la Generalitat y “aficionado”, José Montilla, establece que los astados “son organismos dotados de sensibilidad física y psíquica […] con un sistema nervioso muy próximo a la especie humana”. Con este argumento pseudo-científico quieren justificar su decisión de acabar con los festejos taurinos en los que se ejecuten las suertes de la pica, las banderillas y el estoque y dejan impune los toros de la calle (“correbous”).
Por este motivo, la Unión de Criadores de Toros de Lidia, colectivo que agrupa al mayor número de ganaderos de reses bravas, ha remitido una carta al Presidente del Consejo General de Veterinarios de España, Juan José Badiola, en la que se expone la indignación por la “humanización” de los animales como muestra inequívoca de que los argumentos esgrimidos para la prohibición de las corridas en Cataluña carecen de solidez. En la misiva se exige a Badiola que medie para que se produzca una rectificación de este aspecto del texto publicado en el Boletín Oficial del Estado el pasado 24 de agosto. El cambio servirá para “evitar conclusiones erróneas por parte de la opinión pública y garantizar un rigor técnico desde el punto de vista veterinario”, como afirma la conclusión final del escrito. El hecho que a los bureles se les sitúe en un nivel similar al de los hombres es un modo más de criminalizar el mundo del toro y echar por tierra toda su riqueza cultural e histórica.






















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