Tras el éxito de su anterior comedia, vuelve con «La cena de los idiotas»

Josema Yuste ni un pelo de tonto

DÓNDE: Teatro Infanta Isabel. Madrid.
CUÁNDO: de miércoles a domingo.
CUÁNtO: de 15 a 25  euros. Tel.: 91 521 02 12.

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3 Septiembre 10 - Madrid - M. Ayanz

Quizá el papelón, por aquello de las comparaciones, será para Agustín Jiménez. El será Francisco Piñón. O sea, el idiota de «La cena de los idiotas». ¿Recuerdan? Sí, aquel éxito del autor francés  Francis Veber –en cine, sobre todo, aunque antes fue obra teatral– que en España protagonizó sobre las tablas en 2002 Pepón Nieto. La cosa era sencilla: varios amigos que se las dan de estupendos se lo pasan en grande de cuando en cuando invitando a cenar a algún tontorrón. Hasta que aparece Piñón, quien, de puro mentecato, pondrá en serios apuros al anfitrión, al que da vida en esta nueva versión Josema Yuste.

Físico de galán cómico
Cuenta el ex Martes y 13, metido a empresario teatral de éxito –ha mantenido casi cuatro años en cartel su anterior comedia, «Una pareja de miedo»–y autor de esta versión «españolizada» que no vio la obra anterior, aunque sí la película. «Aparte de algunos gags, he modificado cosas y personajes, como el del médico, también un poco el mío». Ventajas de ser el jefe, ya que, reconoce, «en la película Brochat era un poco anodino y frío, allí estaba  tan sólo al servicio del idiota , no tenía una personalidad propia». Aquí, cuenta, «mi personaje es el soporte, el que aguanta las patadas del idiota, pero a la vez le he dado un toque humano. En esta obra, el protagonista sufre mucho. Es muy humano, también muy cabrón, pero sufre».

Aunque reconoce que el gordo Pignon –no tan gordo en el Piñón de Agustín Jiménez– «es más contundente». Como un elefante en una cacharrería, Pignon es capaz de destrozarle la vida a cualquiera sin querer. Pero ojo, todo tiene doble filo. «La obra juega a hacerse la pregunta: ¿quién es el idiota en realidad?», explica Jiménez, agradecido a la generosidad de Yuste, quien le llamó para hacer este personaje tan jugoso en vez de quedárselo –la explicaciónde Yuste tira más por lo físico: «Me guste o no, tengo físico de galán cómico, peroa  Agustín sí que le iba perfecto, con ese aire de chupatintas de los 70»–, y encantado de haber perdido un bigote que inicialmente le habían plantado con el que, dice, «me parecía a  López Vázquez o a un guardia civil». Monologuista reincidente, el cómico agradece a Yuste también «que supiera ver más allá de la perilla y el macarra de los monológolos, en los que a veces te encasillan».

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