Mónica Hoyos: un caro peaje por Cayetano
La actriz y presentadora rompió a llorar en su reaparición pública tras mantener una relación con Cayetano Martínez de Irujo. «Todo el revuelo mediático nos ha afectado», reconoce
Y Mónica rompió a llorar. El interés por conocer hasta dónde llega su relación con Cayetano Martínez de Irujo ha superado a la actriz y presentadora. LA RAZÓN dio a conocer su romance con el jinete el pasado 22 de diciembre, tan sólo unos días después de que ambos se vieran por primera vez en un partido benéfico. La complicidad palpable desde la grada entre Mónica y el hijo de la Duquesa de Alba los llevó a compartir una escapada navideña en la casa que el conde de Salvatierra posee en Kenia.
Ahora esa «sólo amistad» que ambos mantienen se ha convertido en una losa difícil de soportar para Hoyos, aunque ella defienda que «mi corazón sigue estando igual, tranquilo y feliz. Creo que hay que tomarse las cosas con calma y darle tiempo al tiempo». Consejo harto difícil de cumplir. Lo certifican las lágrimas que no pudo contener el pasado jueves, cuando amadrinó la Jalea Real de Arkopharma. Todos los «flashes», micrófonos y grabadoras querían registrar en qué punto se encontraba su relación con Martínez de Irujo. Y aunque en un principio logró capear el temporal, abandonó de forma imprevista la sala Ópera del hotel Tryp Ambassador cuando se percató de la presencia de algún medio del «cuore» con el que no contaba.
Un cigarro detrás de otro, el apoyo de su representante y de una amiga, y una manzanilla buscaban rebajar la tensión para que retomara la agenda de entrevistas previstas. Y así, con los ojos todavía vidriosos, con las disculpas por delante y algo temerosa, atiende a LA RAZÓN. Sus reflexiones se suceden a partir de ese momento una detrás de otra. Los «paparazzi», la prensa del corazón, la ética profesional... «Algunas personas creen que hay que hacer daño para hacer televisión. Es triste que lo piensen y que lo hagan. Lo he sufrido en mis carnes ahora, aunque ya lo había visto en otras personas. No creía que pudiera afectar tanto. Tengo derecho a hablar con quien quiera y donde quiera, tomando un café, con una amiga... Es mi vida y no la de ellos. Y si tienen el descaro de hablar y de inventarse cosas de mi vida, con mayor motivo puedo decidir yo a quién quiero contarle mis cosas. Eso sí, con un límite. Sé que como personaje público tienes la obligación de enseñarles a la gente una parte de mi vida, pero también tengo derecho a poseer una intimidad».
Exposición pública
La propia Mónica se ha sentado en «Espejo Público» como comentarista de temas del corazón antes de que se situara en el ojo del huracán, y es consciente del peaje a pagar: «He dado mi punto de vista de lo que pienso de una persona, pero nunca descalificando ni insultando, y muchísimo menos diciendo algo que no es cierto. Aunque yo admito que le tengo que caer mal a más de una y de dos personas, porque te expones a eso cuando te pones delante de una cámara».
Con enemigos a las espaldas, o simplemente detractores por exigencias del guión, Mónica ha tenido que escuchar en el último mes cómo la acusaban de buscar notoriedad a costa de la Casa de Alba para convertirse en una «famosa de primera fila». Incluso se especuló con que esta reaparición pública fuese fruto de una campaña de mejora de caché, «cuando yo tenía firmado este evento desde hace un mes y medio. Hemos intentado retrasarlo para evitar que coincidiera con toda la polémica y que afectara a la firma».
Pero quizá lo que más le ha sorprendido a Mónica de este episodio de amores y desamores es que la erigieran autora de un plan que incluía llevarse a un equipo de fotógrafos a África para así retratar cada uno de sus movimientos con su pareja de aventuras. «Se dicen tantas cosas... Fue un robado. Lo descubrimos cuando paseábamos por la playa y vimos que estaban haciendo fotos para venderlas, eso es un robado». Cuando se percataron de que varios objetivos les pisaban los talones en la arena keniata, ella y Cayetano llegaron a un acuerdo con los «paparazzi» para dejarse fotografiar a cambio de que eliminaran cualquier imagen de los hijos del jinete y les dejasen tranquilos. Dicho y hecho.
Publicadas las imágenes de la escapada en el boletín oficial del «cuore», la casa de Mónica se convirtió en punto de encuentro de las agencias de noticias para captar una instantánea así como cualquier declaración referente a lo que se bautizó como el romance del invierno. Este acoso, dice Hoyos, es lo que justifica la entrevista de esta semana en «¡Hola!». «El reportaje lo hice para frenar tantas habladurías y para que se dejara de especular con tantas cosas. Hay muchísima gente que me ha llamado en el último mes para preguntarme y que no conozco de nada. Es lógico que cuando quieres hablar, lo hagas con una amiga como Chelo García Cortés, con quien tengo confianza y conozco, no con la primera persona que descuelga el teléfono». Eso sí, confirma que «Cayetano está al tanto de todo y le parece bien».
Pero, ¿cuál ha sido la mayor mentira que se ha dicho de Mónica Hoyos? «Que la Duquesa de Alba me prohibió la entrada en el Palacio de Liria. No conozco a Doña Cayetana, pero me parece una mujer respetable, con una vitalidad increíble que merece todo mi respeto, y agradezco que desmintiera eso», comenta, y recupera la naturalidad de la que siempre ha hecho gala cuando repasa lo que tacha de mentira «graciosa»: «Se ha dicho que el bikini que llevaba era de los chinos. Se equivocan. Se trata de una pieza de La Perla. Aun así, diré que también compro en los chinos, y creo que no soy la única en este país que lo hace».
Disgustos a la espalda
Sin embargo, la sangre no ha llegado al río y, no es de las que amenazan con marcharse de España al primer titular de escándalo. «Mi tierra es ésta y no me iré. Algún día viviré en un lugar de playa, pero no porque me sienta acosada. Al final, esto es algo pasajero, van saliendo noticias nuevas y el objetivo va cambiando. Yo tengo que seguir con mi vida y echarme a la espalda los disgustos que te provocan los comentarios desafortunados».
A pesar de todo, este baile de acusaciones no ha logrado borrar sus buenos recuerdos con Martínez de Irujo: «Es verdad que todo lo que ha pasado afecta. Y en primer lugar me afecta a mí. Pero creo que no hemos hecho nada malo. Nos conocimos en muy poco tiempo y nos fuimos de vacaciones. Hay a quien le puede parecer muy precipitado, pero cuando conoces a una persona, no estás controlando los días y las horas. Si te sientes cómodo con ella y surge irte de viaje, te vas». En ese instante Mónica recupera la sonrisa, con algún cigarro menos en la cajetilla y, la manzanilla, a la espera de azúcar.
Una madre de taconazo y jalea
No es de extrañar que Mónica sea imagen de Jalea Real Arkopharma. Disgustos al margen, desde que la actriz y presentadora de origen peruano se diera a conocer hace más de diez años en el «Karaoke» de Telecinco, siempre se ha mostrado como una persona cargada de vitalidad y con proyectos bajo el brazo. En unas semanas viajará a Italia «a colaborar en un programa, pero sólo chapurreo el italiano así que espero que quede algo simpático». A partir de marzo participará en el rodaje de ocho capítulos de una serie todavía sin estrenar. Pero sin duda alguna, el proyecto que más le ilusiona es la «creación de una línea de zapatos con tres compañeros que me están ayudando. Busco algo bueno, bonito y barato, un caprichito asequible para las madres jóvenes de hoy en día. Eso sí, con taconazo». Y es que si de algo le gusta presumir a Mónica es de su hija Luna, de seis años, fruto de su relación con el también presentador Carlos Lozano. «Siempre he intentado mantener una buena relación con el padre de mi hija porque le he amado mucho y ha sido mi estandarte como relación. Hasta ahora es la única pareja que he tenido, el único al que he podido considerar un novio».
«La gente se equivoca con él. es simpático y un gran imitador»
Ocurrió el pasado lunes 21 de diciembre en un pub madrileño. En una zona del local, Luis Medina y Tamara Falcó disfrutaban de una velada prenavideña. Cerca de los ventanales, Cayetano y Mónica se besaban apenas dos días después de conocerse. LA RAZÓN dio cuenta de aquel episodio en exclusiva un día después, algo que molestó al conde de Salvatierra. «Él tiene sus motivos y sus derechos, y hay que respetar cómo piensa. Es un deportista ajeno a todo esto. Independientemente de que sea hijo de quien es, hay que respetarlo. Yo pertenezco al ámbito de la comunicación y sé que debo dar explicaciones hasta un límite», explica Hoyos, que lamenta que la gente «se equivoque con Cayetano. Cuando no hay una cámara persiguiéndolo, es una persona simpática, agradable y un gran imitador».
ón y sé que debo dar explicaciones hasta un límite», explica Hoyos, que lamenta que la gente «se equivoque con Cayetano. Cuando no hay una cámara persiguiéndolo, es una persona simpática, agradable y un gran imitador».















Envía esta noticia a un amigo