El purgatorio de los dias

Quintacolumnistas

 
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18 Junio 11 - - Martín PRIETO

Mañana,  siete columnas con distintas indignaciones  convergen sobre el centro de Madrid, Congreso de los Diputados, con la autorización  de Rubalcaba. Toda la imaginería de 1936. Le preguntaron al general Mola qué columna facciosa entraría antes en Madrid, y contestó imprudentemente:  «La quinta que está dentro de la ciudad». Quintacolumnismo, otra palabra que exportamos a otros idiomas.  Al ministro del Interior interino le cabe lo que a Sir Samuel Hoare, embajador británico rodeado por falangistas también indignados. Serrano Suñer le llamaba: «¿Quiere  que le mande más guardias?». «No,  prefiero  que me mande menos manifestantes».   Decía Fraga en sus mejores tiempos que los socialistas sólo acertaban cuando rectificaban, hipérbole parlamentaria dirigida a Felipe González que se cumple con exactitud en el caso de Rodríguez Zapatero. Aseguran sus hagiógrafos  que sabe  manejar los tiempos, esa tontería para halagar a políticos cuando es el tiempo el que te manipula, pero pareciera que los extrajera del sorteo de un bombo. Habrá que suponer que si tienes seiscientos asesores dándote consejos acabas en una realidad virtual viendo los rayos infrarrojos y escuchando los ultrasonidos. Quienes conociéndole le respetan estiman que tiene dificultades para conocer los hechos o que cree poder manipularlos porque  posee un ego de argentino. Nadie  le va a reprochar  darse a la fuga porque  carece de cuajo para gobernar en galerna. Peor lo tiene el ex Primer Ministro  islandés, al que  pueden condenar  a cuatro años por haber hecho con la economía lo mismo que Zapatero: nada. A este indeciso terminal, en  Reykjavik  le condenarían a cadena perpetua pescando bacalao.

 

 
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