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Ambas potencias apuestan por una reducción «sustancial» de sus arsenales nucleares

EE UU y Rusia superan la Guerra Fría

Diccionario Inteligente
22 Diciembre 09 - Berlín - Aitor Lagunas - Corresponsal en Europa Central

Las buenas relaciones existentes entre Estados Unidos y Rusia desde la llegada a la Casa Blanca de Barack Obama podrían mejorar aún más si, como algunas voces sugieren, ambos gobiernos rubrican tras las navidades un nuevo tratado de desarme nuclear. «El acuerdo contemplará recortes radicales e inéditos del armamento estratégico y ofensivo», revelaba ayer el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov.
Las dos grandes potencias atómicas buscan así renovar el Tratado para la Reducción de Armas Estratégicas (más conocido por sus iniciales en inglés: START I), firmado en las postrimerías de la Guerra Fría, en julio de 1991, sólo cinco meses antes de la desintegración de la Unión Soviética.
Aquel acuerdo, que redujo a 6.000 las cabezas nucleares de cada país, entró en vigor en 1994 por un plazo de 15 años, que expiró el pasado 5 de diciembre. Según las primeras negociaciones para renovar el acuerdo, mantenidas en julio entre Obama y su homólogo ruso, Dimitri Medvedev, el nuevo pacto limitaría a un tercio (entre 1.500 y 1.675) las ojivas atómicas operativamente desplegadas por cada uno de los países firmantes.
Para Lavrov, el documento, «cualitativamente nuevo», se ha elaborado en pie de igualdad y «en plazos récord», puesto que para rubricar el START I fueron necesarios nueve años de negociaciones y en cambio para su sucesor sólo se han empleado varios meses. «Las delegaciones resolverán las cuestiones pendientes después de las vacaciones de AñoNuevo», anunció el jefe de la diplomacia rusa durante su visita a la antigua república soviética de Uzbekistán.

Negociación en Ginebra

Las conversaciones entre el ministerio de Asuntos Exteriores ruso y el Departamento de Estado norteamericano se han desarrollado a lo largo de este año en la ciudad suiza de Ginebra, la misma en la que los responsables de los equipos negociadores (Sergei Lavrov y Hillary Clinton) apretaron en marzo un simbólico botón de reinicio en las relaciones ruso-americanas.
Tras la invasión rusa de Georgia en agosto de 2008 y el anuncio de un escudo antimisiles norteamericano en Polonia y la República Checa, respondido desde Moscú con la instalación de misiles Iskander en el mar Báltico, muchos analistas temieron una reedición de la Guerra Fría.
Pero desde su llegada a la Casa Blanca, Obama ha trabajado para desmontar pieza a pieza el andamiaje de agravios que permitieron recuperar en los últimos años viejos recelos, ya olvidados, entre Washington y Moscú.

Colaboración rusa

Precisamente, la reducción del arsenal nuclear constituye la clave de bóveda de su intento de reconstruir los puentes diplomáticos con Rusia. Obama, que ya ha renunciado a desplegar el paraguas balístico en Europa Central para apaciguar al Kremlin, aspira a ganar así una colaboración decidida de Moscú en escenarios críticos para su administración, como Afganistán o Irán.

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