Bogotá despliega siete batallones en la frontera oriental
Colombia se prepara para una guerra con Venezuela
La «amenaza externa» ya no es una hipótesis imposible. El Gobierno de Uribe cambia a marchas forzadas su estrategia
El Gobierno colombiano está llevando a cabo un profundo rediseño de su despliegue operativo. Por primera vez, la «amenaza externa», es decir, Venezuela, prima sobre la «amenaza interna», representada por las narcoguerrillas de las FARC y del ELN.
Las autoridades militares colombianas han confirmado por medio de sus dos principales responsables, el ministro de Defensa, Gabriel Silva, y el jefe del Ejército, general Óscar González, el establecimiento de tres nuevas bases en zonas fronterizas sensibles con Venezuela: la península de la Guajira y el departamento de Aruca. Los nuevos puntos fuertes defensivos estarán dotados de instalaciones suficientes para operar con batallones aerotransportados y con los nuevos cazabombardeos «Supertucano», de origen brasileño, adquiridos por la Fuerza Aérea, capaces de actuar por la noche.
Al menos se desplegarán siete batallones, uno de fuerzas especiales, con unos 6.000 hombres en total. El general González ha hecho hincapié en que, más que el refuerzo material que supone, se trata de una reorganización que descentraliza el sistema de mando, haciendo más flexibles y operativas las unidades.
Más allá de las consideraciones técnicas, la decisión colombiana tiene profundas implicaciones políticas para toda la región. Hasta ahora, la posibilidad de una agresión exterior sólo se contemplaba en los rutinarios ejercicios militares del Estado Mayor del Ejército, pero era una cuestión permanentemente excluida de los discursos oficiales. Un conflicto bélico con un país vecino «era algo que no podía suceder», pese a que las FARC y otros grupos armados recibieran apoyo y refugio en Venezuela y Ecuador, por citar dos ejemplos plenamente comprobados.
Que el concepto de «amenaza externa» haya abandonado el ámbito castrense debe entenderse, por lo tanto, como una advertencia clara al régimen de Chávez de que sus bravatas y sus movilizaciones de tropas, sus bloqueos comerciales y sus alardes de amistad con las FARC pueden alimentar una estrategia de la tensión nada desdeñable.
Ayer mismo, el ministro de Defensa, Silva, en unas declaraciones al periódico «El Tiempo» de Bogotá, explicaba el cambio de situación: «En Colombia –decía– nos habíamos concentrado en la amenaza interna. Pero el riesgo está creciendo porque sabemos que existe una amenaza exterior, clara y probada, en contra de Colombia. No estábamos acostumbrados a tener que plantear una nueva política exterior y una estrategia defensiva. Desafortunadamente, ahora tenemos que poner esta variable en el mapa. Hay riesgo de agresión extranjera».
El hecho de que el nuevo despliegue prime las operaciones combinadas aeroterrestres responde a la lógica de las últimas compras de armamento hechas por Colombia. El Gobierno de Uribe ha decidido, frente al desequilibrio que preside el rearme venezolano, dotarse de unidades compactas, muy móviles, con comunicaciones de última generación y, sobre todo, capaces de operar en todo momento. Hoy, su aviación es una de las más eficaces de toda Iberoamérica, aunque carezca de aparatos «emblemáticos», como los Sukoy-30 venezolanos, de costosa operatividad.
«¡Preparen Guaicaipuro!»
«Guaicaipuro» es el nombre clave de un juego de guerra organizado por el Consejo Nacional de Defensa en 2007. Partía de la premisa de un ataque exterior, venezolano, y consideraba a la península de Guajira como el punto más vulnerable. Dos años después, como recordaba la publicación colombiana «Cambio», lo que parecía un simple ejercicio de Estado Mayor se ha convertido en una posibilidad nada desdeñable. Un apunte: una de las nuevas bases estará en Guajira.















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