Guardiola llora tras hacer historia con seis copas en un año

Guardiola llora tras hacer historia con seis copas en un año

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19 Diciembre 09 - Ep

El entrenador del FC Barcelona, Josep Guardiola, no pudo evitar emocionarse y rompió a llorar sobre el césped del Zayed Sports City tras finalizar el encuentro en el que su equipo venció (1-2) al Estudiantes de la Plata, lo que otorga al conjunto blaugrana el primer Mundial de Clubes de su historia y el sexto título del 2009.  

El de Santpedor que empieza su segunda temporada al frente del Barcelona, donde ha conseguido seis títulos, se puso a llorar a la finalización del encuentro y algunos de sus pupilos, como Henry e Ibrahimovic acudieron para abrazarle al centro del campo, donde se encontraba su 'mister'.   
 
El Barcelona acaba de entrar con letras de oro en la historia del fútbol al cerrar el 2009 con la actuación más espectacular jamás conseguida por un club, después de sumar su sexto título, con la consecución del Mundial de Clubes en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos).

Los Messi, Xavi, Puyol, Valdés e Iniesta (que no pudo jugar) han situado su fútbol y al Barcelona en el epicentro de interés mundial, junto al técnico, Josep Guardiola, un ganador nato desde que decidió sentarse en el banquillo azulgrana.

Lo que acaba de conseguir el Barcelona es único en la historia, pues, además de la Liga española, la Copa del Rey, la Liga de Campeones, la Supercopa de España y la Supercopa de Europa, cierra el 2009 con el título del Mundial de Clubes, gracias a su victoria contra el Estudiantes de La Plata, al que derrotó en la final por 1-2, tras una prórroga y gracias a los goles de Pedro Rodríguez y Lionel Messi.

Si insuperable se presenta la marca del Barça, aún más sorprendente es el registro que ha establecido Josep Guardiola, un trotamundos después de que abandonó el Barcelona en el 2001 (Brescia, AS Roma, Al-Ahli SC Doha y Dorados de Sinaloa mexicano) y que desde que decidió sentarse en el banquillo todo lo que toca lo convierte en oro.

En su primer año, ganó la Liga de tercera división con el Barça Atlètic y ascendió en la liguilla al filial a la segunda B. Al año siguiente debutó con el primer equipo, justo cuando la entidad vivía una agitación social que llevó al club a una moción de censura impulsada por un numeroso grupo de socios que el presidente Joan Laporta salvó por los pelos.

En ese año de transición, de primer contacto con un vestuario de peso, a pesar de haber sido uno de los grandes capitales que ha tenido el Barça, Guardiola tuvo un arranque que hizo tragar a más de uno saliva por si la apuesta no era la correcta, pero rápidamente el Barça del nuevo técnico inició un ascenso meteórico, acompañado por un fútbol mejorado de las versiones del Barça de Johan Cruyff y Frank Rijkaard.

Esta combinación se tradujo en un Barça que encandilaba con su fútbol tanto en España como en Europa, aunque en ninguno de los trofeos por los que combatió lo tuvo fácil, a excepción de la Copa del Rey, donde excepto el cruce contra el Espanyol, el resto los resolvió con mucha solvencia.

A partir de entonces, fue un degoteo constante de trofeos: llegó primer la Copa del Rey, después la Liga y finalmente la Liga de Campeones, y durante el verano redondeó el verano con la Supercopa de España y la de Europa. Sólo faltaba la guinda del pastel y esta la debió de ir a buscar a la ciudad emergente de Abu Dabi, donde derrotó en las semifinales al Atlante mexicano y al Estudiantes argentino en la final.

Para contener una depresión preventiva, Guardiola ha vuelto a echar mano estos días en Abu Dabi de su sabiduría para hacer entender al aficionado azulgrana que el mensaje que ha querido transmitir en su corta carrera como entrenador del Barça no es un equipo ganador, sino un grupo de jugadores que se dejarán el alma en el campo por la entidad y que cuentan con que no siempre será posible la victoria.

Mientras este discurso repetido una y otra vez tiene el propósito de calar entre la afición, a Guardiola, que aún no ha renovado el contrato con el Barça (finaliza el 30 de junio del 2010), deja un legado que parece insuperable, aunque no inigualable, no sólo en el propio club, sino en el resto de entidades.

Con este título intercontinental, el Barça rompe con una sequía que se inició en 1992 cuando el conjunto barcelonista, campeón de la Copa del Europa, cayó derrotado en la final frente al Sao Paulo (2-1), idéntico final que padeció en el 2006, cuando se volvió a cruzar con otra entidad brasileña, el Internacional de Porto Alegre (1-0).

Acabada esta ascensión, el Barça jugará un amistoso en Kuwait el lunes, regresará a Barcelona, iniciará unas pequeñas vacaciones, a excepción de los futbolistas que participen en el amistoso Cataluña-Argentina, y regresará a la competición de la Liga contra el Villarreal el 2 de enero, como apuntó Guardiola, para iniciar otro ciclo. EFE
 

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