alarma en la paz
Ayer se cumplió el trigésimo tercer aniversario de la muerte de Franco. La anécdota que rescatamos hoy es desconocida por la mayoría, cuando, la noche del 20-XI-75, cada cual se dispuso a ver en la tele la película «Objetivo Birmania», y a esperar. A las 22.10, el estado del enfermo es tan crítico que al poco aparece Monseñor José María Bulart con los Santos Óleos. Se preparan los doce jefes clínicos. Al día siguiente subirá la Bolsa, al adivinar la presencia, en TVE, de Arias Navarro en el papel protagonista de «La llorona». Los efectivos de seguridad de la «Operación Lucero» suman 5.000 hombres. Es cuando un guardia gris, que vigila en la azotea, descubre con sus prismáticos, en otra azotea próxima, una bandera roja. Informes y conmoción en los más altos responsables. La bandera puede estar izada en espera del momento cumbre. Es el anuncio de una segunda Revolución Bolchevique. Las fuerzas del orden pasan al desorden de cargar las metralletas. Quien se mueva debe ser abatido sin contemplaciones. A las 00.02, el «caudillo» experimenta una leve mejoría. A la 1.10 se agudiza el fracaso renal y, de seguro, una peritonitis bacteriana precipitará el desenlace, cuando se ordena la aproximación a la bandera que representa el triunfo de la conjura judeomasónica. De repente, se hace un silencio sepulcral. El jefe del comando está a dos metros de la bandera roja. Traga saliva, respira hondo y aclara: «No es una bandera; son unas bragas de señora puestas al oreo de la madrugada». A las 4.15, Europa Press lanza: «Franco ha muerto». Entonces creíamos que la guerra había terminado en La Paz.






















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