Alberto Contador: «Me sentó fatal que no sonara el himno en el Tour»
El flamante ganador del Tour es el único ciclista español que cuenta en su palmarés con las tres grandes vueltas. Pero, Alberto Contador ha tenido que vencer más cosas que la carretera: compañeros poco idóneos, la hostilidad de Armstrong y que su minuto de gloria se viera ensombrecido al sonar el himno de Dinamarca... Ajeno al mundanal ruido, mientras negocia qué equipo será su próximo destino, nos cita en Pinto, como no podía ser de otra manera.
-¿Cómo lleva lo que le está ocurriendo?
-Es muy halagador. La gente se ha emocionado contigo, viéndote, y ahora quieren agradecértelo. Me enternece cuando veo a un crío sobre una bici y me dice que quiere ser como yo. Aquí en Pinto, se sienten felices de que seas un vecino más
-Más que un vecino, ¡parece patrimonio nacional de Pinto!
-(Risas). Me miman mucho. Eso de que nadie es profeta en su tierra es mentira.
-Le sube las pulsaciones a Zapatero... Y Esperanza Aguirre le tiene por uno de los mejores de la historia. ¿El PSOE y el PP llegan a un punto común gracias a usted?
–(Risas). Lo único que hago es dar pedales... Lo otro es ajeno a mí. El deporte es lo que más mueve las uniones en un país y el mayor embajador de una nación.
-Estos días: ¿sigue entrenando?
-Para mantenerme hago cerca de tres horas diarias. También estoy haciendo «critérium» sobre 100 kilómetros.
-¿Lo suyo con Armstrong es como lo de Rossi y Lorenzo?
-Bueno... Es verdad que nos comparan, aunque es diferente. Ellos llevan el mismo sponsor y compiten por el mundial
-Veo que no le apetece hablar... Sólo dígame: ¿existe algún tipo de trato?
-Lo he dicho y lo repito: mi relación con Lance Armstrong es nula. Sigo diciendo que es un grandísimo corredor, pero a nivel personal no le tengo admiración. Me gustaría zanjar el tema.
-¿Qué piensa cuando uno gana el Tour y suenan los acordes de otro himno?
-En los primeros acordes pensé que la grabación no era buena. Cuando me di cuenta de que no era nuestro himno... En fin, era mi momento y no me podía bajar del podio, pero me sentó fatal.
-Además de «piernas», para ganar un Tour, es necesario un equilibrio psíquico.
-Tienes que ser fuerte psicológicamente, sobre todo en ciertas etapas...
-Para no perder la cabeza: ¿yoga, meditación trascendental, psicoterapia?
-En mi caso, el mejor psicólogo ha sido salir bien parado del cavernoma cerebral congénito del que me operaron. Meses de rehabilitación. La lucha me hizo colocar las cosas en su sitio. Relativizar lo que no es importante y priorizar lo que sí lo es...
-¿Llegó a estar en coma?
-No, pero sí muchos días en la UVI. Desde entonces sé qué importa y qué no.
-¿Vive el momento presente, como los maestros orientales?
-Creo que sí. Ahora estoy haciendo una entrevista y estoy haciéndola y cuando tengo que subir un puerto, sólo estoy subiendo un puerto. Cada momento tiene su objetivo y te exige una respuesta.
-Tantas horas... ¿uno no termina pensando en cosas inverosímiles como «tengo que llamar al cerrajero»?
-A veces sí. Hay etapas que dan para todo: incluso para ir hablando con los compañeros de pelotón sobre las próximas vacaciones. Otra cosas son las etapas duras de montaña, donde tienes que estar con los cinco sentidos y fundirte con la bici.
-Ganar o perder, ¿tiene que ver con ser buena o mala gente?
-Todos somos ambas cosas. Dependiendo del momento de la carrera puedes parecer un egoísta porque has ganado y, en otros, humilde porque has dejado ganar a otro.
-El sillín, ¿no es una agresión constante sobre cierta parte de su anatomía?
-Bueno... un poco incómodo sí es...
-Habría que cuidar la próstata. Cualquier urólogo me daría la razón...
-(Risas). Ahora tengo sillín con agujero, tipo flotador. Y ha mejorado... Cuando más notas la incomodidad es cuanto estás un tiempo sin coger la bici.
-No quiero ni preguntarle cómo se hace pis durante una etapa larga.
-Bueno: basta imaginárselo...
-¿Tiene trato con Perico Delgado, Indurain, Bahamontes?
-Con bastantes de ellos, porque además coincidimos en muchos sitios. Pero con quien más, con Fede (Bahamontes), que está hecho todo un crack.
-¿Se sabe lo del helado y Bahamontes?
-Pero ¿es verdad?
-Él lo contó: durante un Tour sin avituallamiento se bajó de la bici y compró un helado porque estaba muerto de sed.
-Creía que era una leyenda urbana. Hoy el ciclismo es de otra manera. Antes, era uno contra uno... Ahora, es imprescindible tener un equipo para ganar.
-El otro día, tomando café con Serrat, entró un gorrión en el café de Oriente y bebió de su agua.
-Lo dices porque cuando era crío me dediqué a criar canarios y jilgueros... Aprovecho para decir que ya no crío pájaros, que lo aclaren en el Google.
-Tengo entendido que su gran debilidad es su hermano pequeño: Raúl.
-Le tengo un cariño muy especial. Tiene parálisis cerebral y, observándole, comprendo que debo valorar todo muchísimo más. Mi madre a veces cuenta la paradoja que supone tener un hijo ganando el Tour de Francia y el otro dependiendo de alguien las 24 horas del día.
-Cuando alguien hace algo grande, ¿cómo lo viven los suyos?
-¡Imagínate! Ver a un hijo cumplir sus sueños es tremendo para ellos. Para mí, celebrarlo con mi familia es lo que termina de darle sentido a cualquier premio. Si no tienes con quién compartir los triunfos, nada vale demasiado.
-Ahora dígame que además sabe cocinar y arregla las cañerías de casa...
-Las cañerías no, pero el bricolaje no se me da nada mal. Para guisar, sin embargo, no tengo ningún talento.
-¿Le queda tiempo para ser papá?
-(Risas). Tiempo sí que me da. Otra cosa es que sea el momento: ¡tengo 26 años! Es algo que tengo en mente, pero para más adelante.
-¿Qué música escucha?
-Para entrenar antes de una contrarreloj uso bandas sonoras de determinadas películas para controlar el ritmo cardiaco. Cuando voy en el coche, pongo de todo: desde Anastacia a «dance», pasando por pop español.
-Y de afición literaria ¿cómo andamos?
-Soy poco aficionado. Soy más de periódicos, ordenador, tele...
-Quién le dará más guerra la próxima temporada, ¿Armstrong o Andy Schleck?
-Ellos y otros... Este año, no han estado, quizá, al nivel de lo mucho que se esperaba de ellos, pero la temporada próxima seguiré encontrándomelos ahí. A Armstrong: con su gran experiencia, y a Schleck con su gran fuerza
-¿Cuál es su debilidad?
-Los coches y la velocidad.
-¿Tiene ya un equipo para el año que viene? Se ha hablado mucho de continuar en Astana o Caisse d’Epargne, Garmin, incluso Alonso...
-Aún no lo sé. Sólo puedo decir que va bien. Tengo diferentes posibilidades y alguna de ellas es muy interesante, por lo que estoy tranquilo. Equipo voy a tener. Lo único cierto es que tengo que solucionar el contrato que tengo con Astana, pero no es que no quiera hablar, es que aún no hay nada que contar. De verdad.
La admiración de los niños por el ídolo
Al llegar a su pueblo natal, nos espera un grupo de niños que están jugando en la calle y que al verle bajar de su lujoso deportivo, gritan todos juntos como si fueran una sola voz: «¡Es Contador, es Contador!». Como cantaría Rosendo, «no tiene rival». Al menos, de momento. Bajo un sol implacable, los pequeños se arremolinan a su alrededor enseguida y se prestan encantados para posar todos juntos en una fotografía con el ganador del Tour de Francia, igual que si formaran un pelotón. Casi todos ellos le miran arrobados. Alberto Contador es muy menudo y fibroso, de «complexión recogida» –que es como lo explicaría mi abuela–, imprescindible para bailar sobre dos ruedas, igual que la deidad Shiva «danza la creación del universo».















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