La producción industrializada de carne y pescado para consumo humano está lejos de ser ecológica

«Animal farm»

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«Animal farm»
2 Mayo 09 - Ángela VALLVEY

George Orwell (un laborista británico que en realidad se apellidaba -cómo no- Blair) es un escritor por el que siento debilidad. Mis profesores me enseñaron Ética en la escuela utilizando sus libros. Con «Rebelión en la granja», Orwell hace un retrato despiadado del estalinismo. Los animales de la granja consiguen expulsar al «tirano» señor Jones y toman el poder, elaboran sus propios mandamientos, una suerte de código ético animal. Por ejemplo: «Todos los animales son iguales» pero, cuando los cerdos se hacen con el poder, imponen su tiranía y aquellos viejos mandamientos son modificados hasta el «Todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros»¿ Cuando leí aquella novela, aunque era capaz de ver el paralelismo con la Unión Soviética y con cualquier dictadura, en mi imaginación la granja cuajó de una manera indeleble como un sitio real, en el que los animales eran esclavizados. Siempre he sido sensible a la dignidad de la vida. Pienso que cualquier vida debe poseer su decoro, aunque no tenga nada más. A pesar de que se arrastre, sisee, zumbe o aúlle. Sospecho que los métodos de cría y engorde de animales, en granjas industriales, han desprovisto de esa dignidad a los seres vivos que luego nos sirven de alimento. Son descomunales las piaras de animales hacinados en lodazales, que viven atiborrados de antibióticos baratos usados para evitar la aparición de virus que, precisamente, lo que logran es que las infecciones estafilocóquicas sean habituales, y cada vez más resistentes; los animales tienen los sistemas inmunitarios extenuados, y no se antoja raro que ocurran, cada vez con más frecuencia, episodios de pandemia «humana» de origen animal, como el que vivimos. La producción industrializada de carne y pescado para consumo humano está lejos de ser ecológica justamente hoy, cuando las autoridades se llenan la boca con la palabra y aplican su exigencia a cualquier chorrada, menos a las cosas que realmente importan, como la alimentación. Los conglomerados empresariales avícolas y ganaderos son influyentes, políticamente poderosos, como los farmacéuticos. Pero¿ ¿quién cuida de la salud humana?

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