Animales medicados: Sabemos lo que comemos
Los ganaderos se gastan de media más de 100 euros en medicamento por vaca al año. Y aunque las hormonas para su crecimiento están prohibidas, sí se permiten –y se usan– para sincronizar el celo y así poder vender la carne y la leche a mejor precio.
Cuando uno lee sobre carne y leche clonada se le ponen los pelos de punta. En España, como en el resto de la Unión Europea, su compraventa, al menos hoy, no está permitida. En cambio, otros elementos que sí lo están ¿deberían amargar cada bocado? ¿Sabemos realmente lo que comemos? ¿Qué diferencia los productos ecológicos de los que no lo son?
En ganadería convencional como en la ecológica, las hormonas de crecimiento (como los antitiroideos que aumentan el peso del ejemplar al inhibir la hormona tiroidea) o los estimuladores de apetito están prohibidos en toda la UE, no así fuera de ella. Sin embargo, sí se permiten (y se utilizan de forma habitual) para sincronizar el celo y de este modo poder vender la carne «cosechada» a mejor precio, al hacerlo cuando menos género hay en el mercado. Ambas sustancias en cualquier caso están prohibidas en ganadería ecológica.
Sustitutos del estrógeno
«Hace unos años se utilizaban estrógenos para tal fin, prohibidos hace unos cinco años. En la actualidad, se emplean otro tipo de hormonas, como son las progesteronas y las prostaglandinas. Las primeras, sólo permitidas en aplicaciones vía vaginal, se utilizan para que tengan la sensación de que están preñadas, lo que les quita los celos. Las segundas, en cambio, las encelan», tal y como explica Fernando Ruiz, veterinario y gerente de la Asociación Frisona de Cantabria (AFCA). O dicho de otro modo, esta última incrementa el apetito sexual de las vacas al provocarles el celo a los tres días después de la inyección. De este modo, a los once meses (nueve meses de parto y dos meses más de crecimiento), vendes el ternero.
Los expertos consultados aseguran que no se ha demostrado que estas hormonas tengan algún tipo de consecuencia negativa para la salud, de ahí que estén permitidas. En fin, que comer carne de vacas a las que se les han inyectado hormonas para que entren en celo es, al parecer, seguro, o eso dicen los expertos –también lo afirman los ecológicos y ellos no las utilizan–, pero natural, natural no es.
En ganadería convencional «están permitidas porque no afectan al consumo (carne y derivados) tan directamente», reconoce Pedro Castro, responsable de Ganadería Ecológica de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG). Castro, que tiene 40 cabezas de ganado ecológico en Val de San Vicente (Cantabria) y vende directamente al consumidor y a restaurantes, explica que las vacas suelen parir en primavera, pues es la estación en la que abunda la comida, y que noviembre sería uno de los meses más difíciles para encontrar carne si no fuera por estas técnicas, aunque recuerda que algunos terneros nacen también de forma natural.
Por cierto, los estrógenos que antes se permitían se prohibieron por «un no demostrado posible efecto cancerígeno, pero se importa carne de países donde no están prohibidas», hace hincapié Fernando Ruiz. (Ahora bien, los países exportadores tienen en cuenta qué sustancias se permiten y cuáles no en los mercados de destino para poder así vender su producción. En fin, que la carne, leche y derivados que entran en España tiene por normativa que cumplir nuestras medidas de seguridad).
En cualquier caso, lo cierto es que una forma para provocar dicha sincronización de celos sin necesidad de añadidos es el «efecto macho», que consiste en tener a las hembras apartadas del macho para aumentar el fotoperiodo y cuando se meta al macho en el mismo «habitáculo» ya están más que enceladas.
Pero si estas hormonas para celos pretenden bien incrementar los beneficios o bien permitir que el ganadero llegue a fin de mes (difícil en un mercado en el que ganan más los intermediarios), los ganaderos tienen que desembolsar una partida económica en sanidad.
Fármacos
Así, los ganaderos convencionales se gastan de media más de 100 euros en medicamento por vaca al año. «Por cada litro de leche un ganadero se gasta 0,012 euros en fármacos y servicios veterinarios por ejemplar. Es decir, 115 euros por ejemplar», explica Fernando Ruiz. Algunos expertos del sector vacuno consultados hablan incluso de 300 euros.
Sean 100 o 300, lo cierto es que las vacas, como los hombres, también caen enfermas. Y como los humanos, unos optan por medicamentos y otros por plantas medicinales. Pero como asegura Juan José Badiola, presidente del Consejo de Colegios de Veterinarios de España: «los ecológicos requieren menos visitas del veterinario». Así, a la vacuna anual contra la lengua azul (obligatoria también en ganadería ecológica), se le suman otras. La más habitual es la rotavirus conoravirus en vacas gestantes.
En cuanto a los fármacos, a las vacas de ganadería convencional se les administran antibióticos y antiinflamatorios. El responsable de ganadería ecológica de COAG explica que en su sector se utiliza la homeopatía y la medicina natural y «fármacos sólo en casos extremos. Después hay que esperar un tiempo, no se puede vender instantáneamente». En ganadería convencional, en cambio, se utilizan fármacos contra la gripe, las cojeras, se les administran vitaminas y correctores digestivos. ¿Correctores digestivos? «Sí –explica–, por problemas de digestión. La vaca es muy tragona y si se le da comida en exceso, como sucede para que engorde, ella no va a decir que no, por lo que al final se le obstruye el cuajar y requiere ser operada. Esto sucede no en contadas ocasiones, sino en bastantes casos».
Respecto a las cojeras, la opinión de los expertos consultados varía. Si para el responsable de ganadería ecológica las cojeras –a consecuencia de que las pezuñas les crezcan y se les reblandezcan– es un mal frecuente en animales que pasan mucho tiempo parados sobre hormigón, para el veterinario «esto sucede tanto en animales que están entre abono (intensiva) como en el campo al aire libre (ecológicos)».
Piensos
Pero sin duda, una parte esencial para lograr una óptima calidad de la carne y la leche es la alimentación del vacuno. En ganadería ecológica los terneros están amamantando casi al límite, hasta los seis o siete meses, en convencional lo normal es que a los tres o cuatros meses se les destete. Pero en algunos esto se hace antes, mucho antes, cuando tan sólo alcanzan los 20 días de vida. Después a la espera de que alcance los 200 kilos aproximadamente de peso, el ternero convencional será alimentado con leches artificiales y piensos de destete.
El origen de las materias primas utilizadas en la alimentación varía. El pienso se conforma habitualmente de maíz, cebada y soja, y en ocasiones pulpa de remolacha y salvado de trigo. Pero el pienso no es, o al menos no debería ser, lo que más coman. Son rumiantes; es decir, que su alimento clave tiene que ser forraje (pradera). Y no hace falta que sean ecológicos, comprar carne que proceda de donde el forraje es abundante sirve.
Gaspar Anabitarte es un ganadero de COAG y AFCA que ahora vende leche ecológica, y antes leche convencional. Anabitarte conoce de primera mano los cambios que ha introducido en la alimentación. «En ganadería convencional no se trata a las vacas como rumiantes, sino como monogástricos, como los cerdos que comen de todo, incluso piensos con medicamentos o harina de algodón tratada antes con antifúngicos. Esto hace que enfermen más que las ecológicas y que requieran más fármacos. De hecho la vida media se reduce. Así mientras una vaca lechera vive de media dos partos por vaca, en ecológico conseguimos unos cuatro partos por vaca», asegura.
En ecológico se exige que los forrajes supongan al menos en un 70 por ciento de su alimentación. En cuanto al pienso, los cereales utilizados tienen que tener el certificado de ecológicos, lo que evita que sean alimentados con cereales tratados con sustancias químicas y que sean transgénicos. Un buen aval, porque tal y como ya se publicara en este suplemento «casi el cien por cien de los piensos en España son transgénicos. En la Unión Europea el porcentaje desciende hasta el 90 por ciento». Así lo aseguró entonces Jorge de Saja, secretario general de la Confederación Española de Fabricantes de Alimentos Compuestos para Animales (Cesfac).
Las consencuencias de la calidad y la cantidad de alimento es que las vacas ecológicas producen menos leche. «Con el mismo número de vacas, antes producía mil litros de leche al año; hoy 500. Es cierto que se produce menos leche, con menos grasas y menos proteína, pero es más rica en Omega 3 y 6 de forma natural. Además, como gasto menos en fármacos, vacunas, etcétera, al final obtengo más beneficios», asegura Anabitarte. De hecho, por su calidad este ganadero ha conseguido que le paguen 0,12 euros más por litro, lo que compensa el gasto de los piensos con certificado ecológico. Y no tiene por qué ser más cara la comida ecológica. COAG en 2009 venderá directamente al consumidor los productos ecológicos para evitar un abuso en los precios por los intermediarios. Les saldrá si no igual, prácticamente igual de precio. Así que usted elija.























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