Puede que nunca reciban un galardón, pero sus interpretaciones son de Oscar
Animales protagonistas
Madrid- «Trabajar con animales es una experiencia gratificante para nosotros, que combinamos nuestra pasión por el cine y nuestra devoción como biólogos por todo tipo de animales», reconoce Andrés Albarracín, coordinador de Zooko Producciones. Su empresa se dedica a hacer rodajes con todo tipo de animales, desde cachorros de labradores hasta enormes osos pardos. Por suerte para el equipo de Zooko, nunca les ha pasado nada porque siempre velan por la seguridad del animal –por peligroso que sea– y de los miembros del rodaje.
«Siempre trabajamos con animales que tienen una base de entrenamiento. Cada especie es un mundo y hay que tratarles de forma distinta», explica Albarracín. Por ejemplo, «en el caso de los animales salvajes, como felinos, se utiliza también la técnica del entrenamiento positivo de refuerzo, es decir, recompensando con comida cada vez que el animal hace lo que se le pide».
Llama la atención cómo se puede saber si, frente a la cámara, el animal será un buen actor. «Siempre que nos llega un proyecto, lo estudiamos y elegimos al animal que creemos que puede cumplir los objetivos requeridos. En la elección estudiamos varios parámetros como son la sociabilidad, la edad, el carácter, etc. Hacemos una serie de pruebas en nuestras instalaciones y nuestros especialistas deciden si es elegido o no».
Al preguntarle a Albarracín por alguna anécdota graciosa, recuerda las más divertidas: «Preparando un spot en el que participaban chimpancés, recuerdo que sus adiestradores estaban jugando con ellos en un parque. Me dirigí a mi coche a cambiarlo de sitio y cuál fue mi sorpresa cuando me di cuenta de que uno de los chimpancés había abierto la puerta trasera, se había sentado y me estaba mirando, sonriendo, con el cinturón de seguridad puesto, dispuesto para emprender viaje.
Otra ocurrió trabajando con un elefante. Cuando empezamos a rodar, el animal hizo su acción sin problemas, que consistía en atravesar el salón de punta a punta. Pero, en cada toma, al pasar por un punto alargaba la trompa y se llevaba y comía una planta. Los chicos de arte tuvieron que ir rápidamente a una floristería a comprar decenas de plantas».
Puede que en la pantalla el espectador no perciba lo difícil que es que salga tan bien, pero tanto los animales como sus adiestradores se merecen un Oscar.















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