Bezcala salva la función

Diccionario Inteligente
15 Noviembre 09 - Gonzalo ALONSO

Fausto en la temporada de la ABAO
P. Beczala, E. Mei, L. Naouri, R. Pogossov, A. Rivas, N. Weissman, L. Cansino. Coro Ópera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Euskadi. G. Voillement, dirección de escena. R. Calderon, dirección musical. Palacio Euskalduna. Bilbao, 14 -XI-2009.


En Alemania se suele conocer el «Fausto» de Gounod por «Marguerita», tal es la importancia del papel femenino. ABAO contaba con una figura de primera orden, la italiana Eva Mei. Sin embargo, la soprano pasó con más pena que gloria. Hay quien decía que estaba muerta de miedo, que debutaba el personaje, que tenía la voz pequeña para él… El caso es que hasta los quince minutos finales cantó prácticamente marcando como si se tratase de un ensayo, de forma anodina, insulsa, sin calor y sin que el sonido apenas traspasase el foso. Pero voz tiene, como se pudo demostrar en un trío final en el que ella sobresalía. ¿Qué sucedió en el resto de la obra? Quizá las siguientes representaciones lo aclaren. Laurent Naouri no fue una elección adecuada pues, aunque escénicamente compusiese un notable Mefistófeles, en lo vocal no pasó de ser un diablillo incapaz de aterrorizar a Margarita en la escena de la iglesia, sin poderío en «Le veau d’or» y desaparecido en la serenata. Estuvo notable Ale-xandra Rivas como Siebel, con la novedad, por cierto, de presentar al muchacho cojo y con muleta. Y cumplió bien el barítono Rodion Pogossov. La producción venía firmada por Nicolas Joël, el nuevo director de la Ópera de París, pero ni él ni su asistente para Bilbao salieron a saludar en el estreno. Se trata de una de esas producciones que cuestan –Ezio Frigerio y Franca Squarciapino nunca son baratos– más de lo que aportan: salvo en el prólogo y la escena de la iglesia, tan sólo un telón trasero con un armazón de cristal delante, poquísimos elementos móviles y escasa dirección actoral. Se notó poco ensayada la obra, tanto en la escena como en un foso concertado con parsimonia por Reni Calderon, que no pudo evitar desajustes con el coro.
Menos mal que allí estaba Piotr Beczala para salvar todo lo anterior. Posiblemente no haya un Fausto mejor hoy día: voz bella y con caudal, agudos limpios aunque algo traseros, perfecto en su aria… Emulando aquel «París bien vale una misa», podría decirse «Beczala bien vale este Gounod». El público acertó en sus ovaciones a él y con la cortesía con el resto.

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