bomberos

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28 Julio 09 - José Mª FUSTER FABRA

Siempre he sentido una especial admiración por aquellos que escogen una profesión consistente en la que, a veces, tienen que jugarse la vida y perderla por los demás. Mucha gente me relaciona con la defensa de policías de todos los cuerpos, o víctimas del terrorismo, aunque mi actividad profesional con la que de verdad me gano la vida sea con otras cosas; creo injustamente no haber escrito jamás que antes fui en diversas ocasiones abogado de bomberos. Acudí a congresos de ASELF (Asociación Española de lucha contra el Fuego), incluso recientemente se pusieron en contacto con mi despacho de Madrid para modificar sus estatutos, y mi tesina fue sobre «Responsabilidad Civil derivada de Incendios de Edificaciones». Cuento todo eso porque con conocimiento de causa, puedo hablar de los bomberos como gentes admirables, sacrificados, a veces no bien remunerados y extremadamente solidarios. En otras sociedades ser bombero es un honor y orgullo, aquí alguien inventó lo de «ideas de bombero», que sólo tiene de disparatado jugarse la vida pura y sencillamente, porque es su vocación y su deber. La muerte de cinco de ellos en acto de servicio me ha devuelto a mi pasado, al Congreso de Vitoria donde documenté y publiqué después, los criterios de responsabilidad en las tomas de decisiones de los bomberos, al cariño que me demostraron y cómo aprendí a admirarles. Para ellos mi recuerdo.

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