Celíacos: la normativa «anti gluten» desata la polémica
De las 450.000 personas que padecen intolerancia al gluten en nuestro país, sólo el 10% está diagnosticado. Actualmente, el único tratamiento posible consiste en llevar una dieta muy estricta de por vida y muy cara. La entrada en vigor del reglamento sobre el etiquetado de los alimentos sin gluten no satisface a los afectados.
No existe una pastilla que pueda conseguir que un celiaco deje serlo, A día de hoy, el único tratamiento fiable está en seguir una dieta estricta sin gluten durante toda la vida. La desconfianza hacia muchos alimentos que pueden hacerles daño es su principal caballo de batalla. Pese al desconocimiento de la mayoría, la doctora Pilar Riobó, jefa asociada de la Sección de Endrocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, explica que «es una alergia a una proteína muy frecuente. De hecho, una de cada 150 personas en nuestro país es celiaca». En concreto, se estima en España que la intolerancia al gluten agrupa a 450.000 personas, si bien sólo el diez por ciento está diagnosticado.
Presente en diversos cereales como el trigo, el centeno, la cebada y la avena, el gluten es una componente que resulta realmente difícil sortear, sobre todo porque cada vez se emplea en más alimentos que parecen impensables para el consumidor. Tal y como explica la doctora Enriqueta Román, jefa del Servicio de Pediatría del Hospital Puerta de Hierro-Majadahonda de Madrid, «nuestra cultura es de trigo. Además, puede haber algunos alimentos que se contaminen en la propia cadena de producción». En esta misma línea se sitúa la doctora Riobó, quien añade que «dado que el gluten es muy barato, hay muchos embutidos como el jamón de york que aunque no deberían tenerlo, lo incluyen para aumentar el volumen del producto».
Iniciativa
Con el fin de evitar esta problemática, el Ministerio de Sanidad y Consumo ha dado luz verde a la entrada en vigor del reglamento comunitario de etiquetado de alimentos sin gluten. Un hito histórico para la mejora de la calidad de la vida de estos enfermos. La norma contempla que se podrá etiquetar como «sin gluten» cualquier alimento convencional (no específico para celiacos) cuando en su composición, el contenido del gluten no supere los veinte miligramos por kilo. Esto abrirá un gran abanico de posibilidades de elección, ya que hasta ahora disponían sólo de 4.000 productos seguros para la cesta de la compra. Aproximadamente, el 70 por ciento de los alimentos en el mercado no contiene gluten. Sin embargo, en la mayoría no se indicaba la ausencia de gluten al no existir un límite legal, con lo que muchos celiacos no se atrevían a compararlos.
Este aumento sustancial de productos seguros tendrá, según el Ministerio, una gran repercusión en el bienestar de estos pacientes, ya que dispondrán de una mayor capacidad de elección que se traducirá en un mayor ahorro en la cesta de la compra, estimado en un 30 por ciento. Dispondrán, además, de una mayor variedad de productos que permitirá diversificar la dieta. Es justo ahí, en los precios, donde se encuentra el principal quebradero de cabeza para los afectados. «El coste de los productos sin gluten es un problema sin resolver. Hay una discriminación, ya no de los celiacos españoles en relación a los del resto de Europa, sino entre las diferentes Comunidades Autónomas. Por ejemplo, en Castilla y León y en Navarra, les conceden una ayuda económica anual para la compra de este tipo de productos», relata Pedro, un celiaco de 26 años.
En contra
Pese a la iniciativa del Ministerio de Sanidad y Consumo, el reglamento los afectados se muestran contrarios. Manuela Márquez, directora de la Asociación de Celiacos de Madrid, opina que «es totalmente necesaria una normativa sobre el etiquetados de los productos sin gluten, pero tenerla a cualquier precio no significa avanzar, sino retroceder». Permitir que el almidón de trigo o la avena puedan emplearse para la elaboración de estos productos, supone, para la Asociación de Celiacos de Madrid, un retroceso «porque en España se había conseguido que ninguno de estos ingredientes, nocivos para la salud de los celiacos, formasen parte de las fórmulas de los productos “sin gluten”». De esta forma, «las personas celiacas tendrán que comprobar si toleran o no estos productos, con el riesgo que esto implica», advierte Márquez.
Respecto a que el número de productos eiquetados sin gluten podría duplicarse en un año, Márquez considera que «al ser opcional la aplicación del reglamento en los productos de consumo normal, muchos fabricantes preferirán no incluir la mención “exento de gluten” para evitar controles por parte de la administración, el coste de las analíticas por parte de los laboratorios, etc».
Símbolo inexistente
El etiquetado, principal soporte de información para los afectados, y que el Ministerio quiere reconocer con un símbolo (todavía no está disponible) para saber si el alimento contiene gluten, Márquez se pregunta si «¿será el mismo para todos los que están comercializados en España incluídos los importados? ¿Seguirá existiendo el logo de Marca de Garantía “controlado por FACE” que tiene establecidos otros límites de contenido de gluten?».
Por último, Márquez comenta que «cualquier iniciativa que se tome en este sentido ha de garantizar la seguridad del colectivo celiaco y no, como ocurre con el reglamento europeo, poner en riesgo su salud, algo que no ocurría con el Real Decreto que elaboró el Ministerio de Sanidad y que, desgraciadamente, fue rechazado por la Unión Europea». Pese a que la Organización Nacional de Consumidores y Usuarios (OCU) se congratula de la adopción de esta norma que regulará todo el mercado europeo y que, de aplicarse de forma correcta, resolverá los problemas a los que hoy en día se enfrentan los enfermos, a juicio de la OCU, hay algunos aspectos mejorables en el nuevo reglamento.
«No está justificada la existencia de productos bajos en gluten y el plazo de entrada en vigor de la norma se puede dilatar hasta enero de 2012. Para que sea realmente efectiva, debe tener una aplicación inmediata, y reducir al máximo el periodo en que convivían los productos etiquetados con las nuevas normas junto a otros anteriores», dicen.
Toma accidental
Justo ahí, en la falta de claridad del etiquetado y la confusión en torno a la cantidad de gluten, se explica el hecho de un celiaco coma, por error, algún alimento que no debiera. En este sentido, Román insiste en que «a corto plazo no pasa nada, pues lo celiacos no sienten que han tomado un producto con gluten de forma inmediata. El problema es que a la larga, se les va lesionando el intestino». Incluso, en los casos más extremos «se puede asociar a linfomas intestinales y a diabetes», advierte Riobó. De hecho, Pedro, el celiaco, comenta que «en tres ocasiones ingerí, por error, productos con gluten pero no me pasó nada». Por ello, lo más seguro «es hacer una dieta a base de productos naturles como frutas, verduras, carne, huevos, leche, pescado y cereales sin gluten como el arroz y el maiz», recomienda Riobó. El consumo de determinadas bebidas tampoco puede pasar desapercibido para un celiaco. «Pueden tomar ron de azúcar, pero no whisky ni cerveza», añade. Dado que es una patología con una base genética, Román explica que «si en el momento en el que al niño se le empiezan a incluir productos con gluten en la dieta entre los seis y los ocho meses, y continúa con la lactancia materna, las últimas investigaciones sugieren que de alguna forma puede protegerle contra el desarrollo de la enfermedad».






















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