La otra noche, paseando en Vespa por la calle Génova de Madrid, había un control de la Policía Nacional

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17 Marzo 09 - María José NAVARRO

La noche del pasado sábado, iba servidora a la grupa de una Vespa, agarrada como un mejillón de roca a su apuesto conductor, paseando por la calle Génova de Madrid. En la calle Génova está la sede del PP, sí, pero la pobre calle Génova, entre el PP y una entrada de la Audiencia Nacional, lleva encima una inmerecida fama de aburrida. A la calle Génova de Madrid van a dar muchísimas otras calles de Madrid. Las que cortan, por ejemplo, están llenas de garitos y bares y tiendas de donde ha nacido mucha música y algo de entretenimiento, y que ahora luchan contra el empeño de Gallardón porque estemos todos en nuestras casas a las doce, con batín de rayitas, pantufla nórdica, y sonando algo de Wagner, que es un compositor al que hay que escuchar bajito porque invita a invadir Polonia. Así nos quiere Gallardón, con las máximas expectativas de diversión centradas en elegir si gafas o lentillas. El caso es que la otra noche, paseando en Vespa por la calle Génova de Madrid, había un control de la Policía Nacional en plena actuación estelar. Tres agentes como tres neveras familiares rodeaban a un Peugeot 206 que contenía dentro un punki. Un punki en toda regla, es decir, con sus pinchos y su cresta y su cara de no haber comido de cuchara desde que la palmara Joe Strummer. Andan por lo visto los históricos de ETA un tanto enfadados porque dicen que la banda está ahora en manos de cuatro jóvenes punkies y quiere servidora pensar que de ahí el despliegue del control policial para con el punki del 206. Parecen los históricos de ETA, por cierto, como los nostálgicos que dan la turra por todo: porque la educación ya no es lo que era, ni los tomates saben a tomate, ni el agua a agua. En las bandas terroristas se han perdido los modales y ahora se asesina de cualquier manera. Dónde vamos a ir a parar, se dicen los históricos de ETA mientras cabecean tristemente. El caso es que los agentes de la otra noche en plena calle Génova de Madrid se hacían acompañar de sus metralletas como el que enseña las fotos de sus niños, con cierta cara de orgullo y ostentación y dando cierto repeluco ajeno. Cuidadín con la sobreactuación, muchachos. Y buena pesca.

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