«Coros y danzas»
Esto de las modas es lo que tiene: de repente parece que a un montón de gente se le ocurren ideas parecidas. Aunque los famosos siguen teniendo su importante papel en la publicidad, son más creíbles los consumidores normales y corrientes, como cualquiera de nosotros, que lo están pasando igual de regular o incluso peor que nosotros mismos o nuestros vecinos. Y si en un momento dado empezaron a salir testimoniales en cantidad de anuncios, ahora es la hora de los coros multitudinarios: mogollón de gente cantando o moviéndose todos a una, unidos en una única voz de alabanza al anunciante de turno. Puede ser la Mutua con su particular versión coral de «Eye of the tiger» transformada en un «¡Soy!» orgulloso aunque bastante inverosímil, pues al menos a mí no me resulta muy lógico que haya tanta gente que considere motivo para presumir estar en una determinada compañía de seguros. Está Repsol con la versión del «Gloria» de Umberto Tozzi interpretada por la Orquesta Sinfónica de Bratislava y el Coro Nacional de España, que intentan quitarle algún matiz hortera a la canción. Cepsa proponiendo nada menos que un himno a la selección española, «Fieles a la roja». La ONCE con su particular musical. ING con sus cánticos al «Fresh Banking», término que en estos tiempos no suena especialmente bien si se tradujese literalmente como el «Banco Fresco». Iberdrola con sus coreografías de pantanos y molinos de viento formados por personas, que tanto recuerdan a los históricos y premiados spots de Bristish Airways o al «Mountain» de Sony Playstation. Y la lista se podría alargar mucho, porque de hecho recurrir a las masas de consumidores como garantía de que una marca es muy buena es algo tan clásico como la misma publicidad. Y es que ya lo decía una frase histórica de la publicidad americana: «Cuando no tengas nada que decir, cántalo». Tampoco quiero afirmar que la coincidencia descalifique el planteamiento creativo coral, aunque en publicidad suele cumplirse aquello de quien da primero da dos veces, y todos los que vienen detrás tienen que hacer mucho más ruido para que se les oiga. Imagino que más de uno estaba convencido de que su campaña iba a ser rompedora, y se llevó una sorpresa al ver que los bloques publicitarios, con tantas coreografías y canciones, parecen «el coro de la cárcel». Por no decir directamente un festival de coros y danzas.






















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