ENFERMO IMAGINARIO
Cuanto más dulces menos salud
Incomoda bastante decir justamente ahora, en plena Navidad, que los dulces no son los mejores nutrientes desde el punto de vista de la salud. Sobre todo el exceso, propio de estas fechas. No creo que haya mucha gente que pueda decir que no le gusta el dulce. Al menos no conozco a nadie. Particularmente siento un gran placer con la pastelería, los postres azucarados, los flanes y cremas de chocolate, los dulces de leche y los helados, las golosinas y las galletas. ¿Y quién no? El problema es que su consumo en abundancia, cada día más extendido en el mundo desarrollado, acaba creando no pocos disturbios metabólicos, por no decir con relación a la caries y la osteoporosis. Y es que el azúcar blanco o refinado, componente primordial de este tipo de alimentos, ingerido en exceso descalabra en cierta medida el sistema endocrino y obstruye el metabolismo del calcio, y por eso acaba siendo perjudicial para huesos y dientes. Es una causa directa de diabetes, pero también de problemas de la piel, el hígado y los riñones. Algunos le atribuyen, incluso, cierta relación con la hiperactividad en los niños, amen de ser adictivo, de manera que cuando uno está enganchado al azúcar sufre un cierto síndrome de abstinencia, de manera que cada cierto tiempo necesita más azúcar.
¿Significa lo anterior que no se debe tomar nada de sacarosa? Ciertamente no se deben sacar conclusiones erróneas. Necesitamos glucosa para funcionar, pues sin ella no tendríamos energía. Pero hay diferentes formas de conseguirla, no sólo a través de la ingestión de azúcares refinados y golosinas. Las patatas, los espaguetis y los garbanzos, los cereales integrales, el arroz y todos los carbohidratos proporcionan azúcares lentos de cadena larga que una vez ingeridos acaban convirtiéndose en glucosa, o sea, en combustible para el cuerpo. Tienen la ventaja de que, a través de su digestión lenta, no provocan un incremento acelerado de glucosa, como ocurre con los dulces y los caramelos. Éstos contienen carbohidratos simples que se digieren rápido, pasan de manera inmediata a la sangre aportando energía, pero sin vitaminas o minerales. Son lo que Valentín Fuster y otros especialistas denominan «calorías vacías», o sea, energía hueca que no nutre, entre ellas el azúcar refinado, pero también los sustitutos químicos del azúcar, como la sacarina, el aspartamo y los ciclamatos, que si bien no aportan tantas calorías, siguen careciendo de poder nutritivo.
A la hora de buscar combustible y energía para nuestro cuerpo, por tanto, es preferible acudir a los carbohidratos complejos. Pero si se necesita de los simples, conviene comer menos golosinas y caramelos, y más fruta o miel. Justamente lo contrario de lo que sucede hoy en el mundo occidental, España incluida, donde el consumo de chuches y golosinas se ha disparado, en la misma medida que se extiende la epidemia de diabetes que nos azota, muy relacionada con la manera que tenemos de alimentarnos.
No es que no se deba tomar nada de azúcar, está claro. Pero habría que distinguir entre los azúcares naturales y los muy refinados, generalmente más nocivos. Los niños caribeños y los indios mastican, por ejemplo, mucha caña de azúcar natural, y sin embargo tienen unos dientes blancos y fuertes, igual que los jóvenes árabes de Mesopotamia o el Golfo Arágico, acostumbrados a consumir gran cantidad del azúcar natural de los dátiles. En Europa y América se ingieren, sin embargo, más cantidad de azúcares industriales, que son responsables de las caries dentales y de numerosos procesos degenerativos. Este tipo de alimento refinado puede causar más daño a la salud de lo que se cree, pues llena pero no nutre en absoluto, y además actúa como un ladrón de calcio, que ocasiona a la larga deficiencia en vitaminas y minerales. Lo peor es que la costumbre de consumirlo se está extendiendo también a aquellos países donde antes tomaban más fruta y menos azúcares procesados, debido a la globalización de la comida rápida y basura, lo que está provocando a su vez que también en estas áreas se estén disparando las tasas de diabetes y enfermedades metabólicas.
De manera que está bien que en estas fechas disfrutemos del alimento dulce, pero también hay que saber que su exceso no sólo engorda sino que, además, es dañino para la salud.






















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