Discurso de gobierno

Diccionario Inteligente
30 Noviembre 09

Mariano Rajoy reclama en LA RAZÓN que se respete el fallo del TC sobre el Estatut

Las encuestas de intención de voto constatan desde hace tiempo una tendencia pronunciada que sitúa al Partido Popular como la opción favorita para una mayoría de españoles. Mientras el Gobierno recoge los frutos amargos de su gestión incompetente en forma de pérdida de crédito y confianza a un ritmo acelerado, el principal partido de la oposición ha abierto una brecha importante y ha progresado sustancialmente en la consideración de una parte decisiva del electorado. El liderazgo de Mariano Rajoy ha sido clave en el crecimiento consolidado de un partido que ha pasado sus dificultades o sus turbulencias, en expresión de la dirección nacional del PP. Rajoy, con mano firme, pero con ánimo templado, sin atender a las presiones y en un ejercicio de absoluta independencia, supo encauzar convenientemente los puntuales desarreglos en la organización. La Convención Nacional de Barcelona supuso un extraordinario impulso a un proyecto de alternativa de gobierno, y en ella se puso un especial énfasis en la propuesta programática y en la idea de ofrecer a la sociedad española un PP «nacional, unido y limpio». Rajoy entendió adecuadamente lo que los ciudadanos estaban demandando del partido que aspira a dirigir los destinos del país. Nada debía distraer esfuerzos ni la atención de lo realmente prioritario, los problemas de la gente. En este sentido, el presidente del PP supo dar el golpe en la mesa en el instante adecuado para que se comprendiera que los intereses personales no cuentan cuando está en juego el bien común.
Ese bien colectivo pasa hoy por distintos frentes ante los que el Gobierno está haciendo aguas.  Desde la recesión económica a la defensa del derecho a la vida, pasando por la crisis política en Cataluña a cuenta del recurso de inconstitucionalidad sobre el Estatut, entre otros. Para todos ellos, Mariano Rajoy ofrece hoy en LA RAZÓN un planteamiento que nos parece ajustado y conveniente. Piensa Rajoy, como hemos defendido también editorialmente, que «la única salida al lío» del Estatut «es el respeto a las reglas de juego y a lo que digan los tribunales». Y apunta además un dato clave: «Los nacionalistas apoyaron en su día la existencia del Tribunal, sus funciones y su forma de elegirlo. Tú no puedes apoyar unas reglas y luego decir que ya no valen porque en un momento dado no te benefician». Sobran las palabras. Anuncia también que el PP recurrirá al TC la ley de plazos del aborto, además de que perseverará en la «protección de la maternidad». Ambos pronunciamientos nos parecen necesarios, porque están cargados de razones jurídicas, políticas y sociales. En cuanto a la economía, las propuestas de Mariano Rajoy difieren radicalmente de las políticas del Gobierno, porque pasan por la austeridad, el control del déficit y de la deuda y las reformas estructurales, «sobre todo en el mercado laboral». En fin, todo aquello a lo que el Ejecutivo socialista ha renunciado con el resultado conocido, porque, como asegura el presidente del PP, «Zapatero debería haber aprendido que con márketing y propaganda no se sale de la crisis». Y que, por supuesto, no hay milagros.
Rajoy ofrece un discurso sólido y solvente y, lo que es más importante, con respuestas claras frente a las dificultades que padecen los ciudadanos. Como certifican los sondeos, ha moldeado una apuesta en la que millones de españoles confían, y lo ha hecho desde la independencia de criterio, sin dejarse llevar por oportunismos ni coyunturas. Bajo su liderazgo incontestable, el PP aparece unido y como una alternativa a un Gobierno desgastado.

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