«Dont worry be happy»
Sí, querido amigo lector «no te preocupes, sé feliz». Tras haber «descubierto» en la pasada Navidad nuestro error, y haber «conocido» que los Reyes Magos de Oriente fueron cuatro, y le llevaron como regalos al Niño «oro, incienso, mirra y ¡Red-Bull!», nos llega ahora la información de que durante dos semanas, un par de autobuses urbanos de Barcelona lucirá la siguiente publicidad: «Probablemente Dios no exista. Deja de preocuparte y goza la vida». En Madrid parece que comenzará el día 26. No puedo más que alegrarme, y dar la razón a mi amigo Santiago Martín: «Gracias, ateos¿ nos hacéis un gran favor a los católicos. En el fondo, esta campaña se resume en «no te preocupes por lo que suceda a tu alrededor; disfruta de la vida mientras puedas». Es una clara manifestación de que ser ateo está ligado a ser un egoísta, un insolidario¿ El «don¿t worry, be happy» que subyace, es ya muy viejo, es la esencia del relativismo y, en el fondo, es causa de la gravísima crisis que atraviesa el mundo¿ Nosotros, los católicos, en cambio, estamos muy contentos de tener conciencia, de sentirnos preocupados¿ Tener conciencia nos motiva a actuar, a consolar al que sufre. Nos ocupa, pero no nos agobia. Nos lleva a amar, no a angustiarnos¿». A esta campaña de la Asociación de Ateos de Cataluña, que procede del Reino Unido, detrás de la cual está la Unión de Ateos y Librepensadores en colaboración con la British Humanista Association, le auguro un enorme éxito, «para nosotros los creyentes», y les invito a que sigan por esta línea. El arzobispado de Barcelona ha manifestado: «La fe en la existencia de Dios no es motivo de preocupación, ni es tampoco un obstáculo para gozar honestamente de la vida, sino que es un sólido fundamento para vivir la vida con una actitud de solidaridad, de paz, y un sentido de trascendencia». No se podía haber dicho más en tan pocas palabras. Las suscribo totalmente. Hoy la liturgia nos presenta a Jesús recibiendo el Bautismo de Juan, asumiendo la realidad del pecado para poder destruir sus consecuencias. Es Dios, que se manifestó en la carne; que fue feto humano -eso que algunos consideran fruslería intrascendente que puede ir a la basura-; que vino a nacer en un establo, que experimentó el destierro, que vivió una vida oculta en el pequeño taller de Nazaret durante veinte años -nada importante, como nos ocurre a la mayoría-; y que subirá a la cruz para ser el «Cordero inmolado que quita el pecado del mundo», el Redentor del hombre. No hay respuesta más adecuada a estas campañas de promoción del ateísmo que la fe en Cristo, Señor de la historia, y el propio testimonio de vida. *Vicario episcopal y capellán de la UCAM






















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