El autor barcelonés novela su adolescencia «punk» en los barrios del extrarradio

«El amor me salvó de la decadencia»

Diccionario Inteligente
29 Enero 09 - Carlos Sala - Barcelona

Kiko Amat / Escritor

En la mayoría de los barrios obreros de los pueblos del extrarradio de una gran capital no hay glamour, ni romanticismo, ni bohemia. Nadie piensa en grandes hazañas, en escribir novelas, en matar leones, en conquistar el mundo. Hay personas, las hay, hay problemas, y muchos, hay ternura, a veces, y crueldad, casi siempre. Cuando la gente habla de futuro, sólo se refiere a la barra de un bar al atardecer y a una conversación divertida si hay suerte. A veces es suficiente. Al menos al escritor Kiko Amat le salvó la vida. «En situaciones tan cerradas, el vínculo con tus amigos es lo único que te queda para sobrevivir», comenta Amat. El autor barcelonés acaba de publicar «Rompepistas», (Anagrama), un recorrido por aquellos años salvajes de su adolescencia en Sant Boi. Tenía 17 años, era miembro de una pandilla skin, le gustaba el «punk» y lo único hermoso que conocía eran las canciones. «Éramos arrogantes, con la pose estudiada, pero sólo era una máscara de autodefensa. En el fondo éramos niños asustados, aunque ya nos encargábamos nosotros de que nadie se diese cuenta», afirma. Las canciones de The Clash, The Jam, The Undertones eran como un código secreto que les permitía hablar con un lenguaje único y personal, el vínculo que les hacía pertenecer a algo. Sin familia, sin patria, sin ideales, sin religión, al menos tenían las canciones. «Ni el cine, ni la televisión, ni la literatura hablaban de nosotros,.. No hay nada más importante para un adolescente que sentirse representado por alguien y encontramos el punk», asegura. Ahora le divierte pensar en aquella época y descubrir lo cafre que podía ser. «Si me viera ahora lo primero que me diría sería: ¿Eh, tranquilo, que todo va a salir bien». A él desde luego le salió bien, aunque las perspectivas no parecían muy halagüeñas. «El momento en que vi que podía salir del asco vital es cuando conocí a mi mujer, hace catorce años. El amor me salvó de la decadencia», señala Kiko Amat. Todavía ve a aquellos niños crueles, al menos una vez al año, y rememoran los viejos tiempos y se emborrachan «hasta perder los papeles». «Tenía que contar nuestra historia, no quería que se perdiese, y nadie más lo iba a hacer», dice el escritor.

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