El colmo de la sandez
Poco ha durado el acercamiento de Rajoy a los nacionalistas catalanes. Su visita en Sant Jordi parecía iniciar una nueva etapa. Los estrategas de Génova no ocultaban su satisfacción por la repercusión social y mediática. Rajoy aparecía en Cataluña, por primera vez en años, como el líder de un partido centrado y moderno. Lejos quedaba aquel notario en el que CiU certificó que nunca pactaría con el PP. El romance parecía tener futuro. Quedaban algunos flecos por solventar, como la financiación y el recurso del Estatut. Rajoy ponía sordina a estas reivindicaciones pero, también por primera vez, su tono hacía vislumbrar que los populares dejaban de agitar la bandera anticatalana. Parecía que era consciente de que para ganar en España, el PP en Cataluña no podía ser residual. Parecía que no quería llenar sus graneros de votos a base de dejar sin taponar su sangría en el Principado. No ha sido así. Las encuestas, a pesar de la que está cayendo, dejan bien a las claras que el PSOE resiste y el PP no avanza. El peligro de perder las europeas obliga al PP a recuperar el viejo manual del anticatalanismo. Nada mejor que unas elecciones para lanzar un furibundo ataque. La ley catalana de educación es una buena excusa. En el colmo de la sandez, Mayor Oreja ha dicho que «la inmersión lingüística lleva a la ignorancia». Después de 20 años de inmersión, miles de jóvenes catalanes han demostrado que no son ignorantes. Mi hijo, señor Oreja, no es un ignorante. Después de 20 años, los jóvenes catalanes han demostrado que tienen un grado de conocimiento del castellano superior a la media española. Unas recientes pruebas realizadas hace apenas diez días a los alumnos de Primaria lo certifican. Un candidato debe hablar con solvencia, y no de oído, o de lo que aporta Vidal Quadras. Ciertamente, la nueva ley catalana garantiza el catalán como lengua vehicular. Pero no lo hace contra el castellano. Le recuerdo que Europa -cosa que debería saber- pone de ejemplo y avala la inmersión lingüística catalana. Señor Oreja, el castellano no está en peligro en Cataluña. Venga y lo verá. Saénz de Santamaría lo sabe, y lo ha dicho públicamente.






















Envía esta noticia a un amigo