Los países más ricos destinarán 20.000 millones de dólares contra el hambre

El compromiso del G-8 con África

 
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11 Julio 09

L a jornada final de la cumbre que ha mantenido reunidos en Italia a los líderes del G-8, así como a los de un buen número de países invitados, entre ellos España, ha centrado su atención sobre el continente africano. El subdesarrollo, la pobreza y los efectos que sobre esta región del planeta están teniendo la crisis económica, el comercio y el cambio climático habían constituido en las últimas fechas algunos de los retos casi siempre olvidados en las agendas de las naciones más industrializadas. Sin embargo, la localidad italiana de L¿Aquila, devastada hace tres meses por un terremoto, se ha convertido en el escenario sobre el que los más ricos han querido protagonizar un cambio de estrategia respecto a África mediante la aprobación de una ayuda de 20.000 millones de dólares para los próximos tres años. Esta cifra supone un incremento de más de 5.000 millones sobre las ayudas previstas en un principio, y está llamada a impulsar los cultivos y el trabajo en todo el continente. No cabe duda de que la implicación personal y el liderazgo que Obama ha ejercido a la hora de consensuar en el seno del G-8 el incremento de estas ayudas han resultado cruciales. Del mismo modo, el Gobierno español ha sabido presentarse ante la comunidad internacional como uno de los más comprometidos en la lucha por la erradicación de la miseria extrema. Así lo demuestran los 500 millones de euros que Zapatero anunció que destinará al reforzamiento de programas de nutrición infantil en los países menos desarrollados. Durante su intervención en la cumbre, el presidente del Ejecutivo español recordó al resto de mandatarios la necesidad de mantener los compromisos contraídos con estas naciones, especialmente las africanas, en tiempos de crisis. Las ayudas anunciadas por Zapatero en Italia se unen a la promesa del Gobierno de destinar otros 1.000 millones de euros para fomentar la agricultura, el desarrollo rural y la seguridad alimentaria. Este esfuerzo presupuestario se verá, además, reforzado cuando España asuma la presidencia de la UE, que tendrá en la lucha contra el hambre una de sus prioridades. La resolución final del G-8 sobre seguridad alimentaria fue calificada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación como positiva. Del mismo modo, la FAO invitó a los países firmantes a convertir tan pronto como sea posible este compromiso en acciones concretas que ayuden de forma efectiva a los ciudadanos de los países más pobres a producir sus propios alimentos. Y es que, a pesar de que las ayudas anunciadas constituyen un cambio de rumbo esperanzador, no podemos olvidar que, en cumbres anteriores, ya se comprometieron ayudas similares, de las que finalmente sólo llegó a fructificar una pequeña parte. Por este motivo, los gobiernos de los países más ricos han de pasar con urgencia a los hechos ante la realidad incontestable de un continente que no puede seguir esperando. Los indicadores de organismos como la propia FAO, la Organización Internacional del Trabajo o Unicef ponen de relieve cómo cada año se incrementan los porcentajes de familias que viven por debajo del umbral de la pobreza, así como el número de personas que pasan hambre, ya por encima de los mil millones. No sólo está en juego evitar que la brecha que separa a Occidente del Tercer Mundo continúe agrandándose o poner fin a las profundas injusticias que ello genera. La cooperación con los países en desarrollo ayudará a consolidar los esfuerzos democratizadores en toda África y fomentará la estabilidad en el mundo.

 
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