El generalísimo «demediado»

 
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24 Noviembre 08

La retirada de los honores por parte del Ayuntamiento de Sevilla al General Francisco Franco no debe levantar gran revuelo, ya sea adhesión u oposición, en el ánimo de los hombres con suficiente perspectiva para saber que las torpes componendas del hombre -las honras, galones, banderas y estandartes; asignados o retirados, colocados o ultrajados- no restan ni un ápice de integridad a una figura histórica. Como fantasma a exorcizar, el gesto del Pleno hispalense podría tener su razón de ser; como tribunal de la historia, se queda corto. Conviene recordar a quienes se vanaglorian de conspiradores y a quienes reniegan ahora del que saludaron entonces como Caudillo -pues todos nos conocemos en una u otra acera de las españas- que el dictador visitó hasta 17 veces nuestra ciudad durante su larga autocracia y, casi siempre, encontró fervor en las calles y silencio en los conciliábulos de la «resistencia» sevillana, o exiliada o casi inexistente. ¿ Queipo y segura.Sólo quince días después de la victoria del alzamiento, el general -Jefe del Estado aún de modo provisorio- inicia una ronda de visitas por el país, con comienzo en la capital andaluza. Sevilla ha caído velozmente en manos del astuto Gonzalo Queipo de Llano, personaje de múltiples caras al que Franco quiere «anular» de cara a su asunción total del poder. En la ciudad, el general pasea victorioso por una ciudad entregada y paladea la felicitación del papa Pío XII a la «heroica España». En la intimidad castrense, la relación entre el antiguo militar republicano -de aplomo y planta mucho más fascinantes que el gallego- y el acomplejado Franco echa chispas bajo capas de protocolo y lealtad verbal. El Ayuntamiento hispalense, por su parte, se deshace en agasajos con Carmen Polo y le prodiga numerosos y ricos regalos. Si la relación con Queipo no fue muy venturosa, la presencia del cardenal Segura en el Arzobispado sevillano le granjeó otros quebraderos de cabeza al dictador. En la visita del año 42 del Generalísimo, Segura se las ingenia para ausentarse de una ciudad en la que se permite entrar a Franco bajo palio en la Catedral, mientras que en el encuentro del año 48 entre ambos, el impertérrito cardenal se planta ante el Caudillo y le niega la precedencia a su esposa, Carmen Polo, para presidir la inauguración del Monumento de San Juan de Aznalfarache. ¿ Años de distensión. Pese a la sorda oposición interna que encontró Franco en Sevilla, el general no dejó de visitar uno de los bastiones administrativos más importantes del Estado. Aquel mismo año se entrevista con el dictador portugués Oliveira Salazar en la capital andaluza y regresa al año siguiente. En el 53 pasa revista a las tropas en Sevilla desde un deslumbrante descapotable Rolls Royce y en el 61 se divierte en la última corrida de la Feria de Abril. Es una visita distendida: recorre el Real, recibe a los maestrantes y al marqués de Contadero, apoya al nuevo obispo hispalense, José María Bueno Monreal, e inaugura el barrio de Torreblanca. Finalmente, en el año 1967, lo encontramos recibiendo los honores de la hermandad del Gran Poder. Con Barcelona y Madrid, Sevilla fue un puntal básico de la propaganda y el espíritu que mantuvo a Franco en su «trono».

 
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