Mariano Rajoy / Presidente del PP
«El PP es hoy un partido cada vez más grande y unido»
El jefe de la oposición desgrana las claves de su nueva estrategia política después del punto de inflexión de las pasadas elecciones europeas. «En mi relación con Rodríguez Zapatero, sus formas son buenas, pero el fondo no puedo entenderlo», comenta del presidente del Gobierno. En política económica no ve ningún margen para el entendimiento.
Su despacho en el Congreso de los Diputados es el marco para la entrevista. El Mariano Rajoy de después de las europeas del 7-J aparece como el Hércules que acaba de superar la prueba undécima y al que solamente le queda el último y el más difícil de los trabajos: ganar las elecciones que le abrirán la puerta del Palacio de La Moncloa. Él está convencido de que a la tercera llegará la vencida. Afronta las preguntas sin ningún apunte previo ni nada con lo que entretener las manos. El tono siempre tranquilo, imperturbable, le venga por donde le venga el tiro. Una serenidad en las formas, en el modo de hablar y en el gesto, que traslada también al contenido de su mensaje. El Rajoy de hoy es el político pragmático, que busca el acuerdo con los nacionalistas sin renunciar a una idea de España, y que acentúa cada vez más su distancia con la política económica del Gobierno frente a la crisis. Dos horas largas de conversación en las que se acumulan las llamadas perdidas a su teléfono móvil. Cuando la entrevista toca a su fin y se apaga la grabadora, la primera que contesta es la de su mujer, Viri. Su mantra es mirar al futuro, y lo aplica como bálsamo para las cicatrices en el PP o para buscar un pacto con CiU que deje al margen el Estatuto de Cataluña.
–¿Le ha sorprendido la irrupción mortal de ETA en su momento de más debilidad?
–Nunca nos debe sorprender que los terroristas intenten hacernos daño, pero, como usted muy bien ha dicho, éste es su momento de más debilidad porque los demócratas estamos unidos en la voluntad de derrotar a ETA y en la determinación de utilizar todos los instrumentos que nos brinda el Estado de Derecho para conseguir ese objetivo. Los asesinos y quienes les apoyan tienen que saber que nunca van a conseguir sus objetivos políticos con la violencia; ése es el único camino. El asesinato del inspector Puelles ha sido terrible, pero en medio de ese dolor ha sido impresionante y ejemplar la entereza de su familia, y muy reconfortante para todos el mensaje nítido e inequívoco del Gobierno vasco.
–¿Por qué quiere ser presidente del Gobierno?
–Llevo muchos años en la vida pública, tengo experiencia, es el fin natural de una carrera política como la que he seguido y, sobre todo, creo que las cosas se pueden hacer infinitamente mejor que como se están haciendo ahora. Tengo un proyecto para España y soy mucho más ambicioso para mi país que para mí mismo. Hay que recuperar la senda de progreso y modernidad que este Gobierno ha truncado.
–¿Qué habría que cambiar del legado socialista?
–Lo que más falta hace es sensatez, sentido común y una política económica que cree empleo y mejore el bienestar de los españoles. Hay que retomar la senda de las reformas, que son los elementos que impulsan a un país, las pedaladas para que la bicicleta avance. Además, es necesario un Gobierno que se preocupe por que haya reglas de juego claras y estables y una justicia eficaz, y que también fomente la recuperación de unos valores y principios.
–¿Aplicaría la política de borrón y cuenta nueva si llega alguna vez al poder?
–No. Algunas cosas que ha hecho el Gobierno no están mal, pero otras deben ser cambiadas.
–¿Como las leyes calificadas por el PSOE de «sociales»? Por ejemplo, reforma del aborto o ley de matrimonios homosexuales.
–Esta última ya la recurrimos ante el Tribunal Constitucional y haremos lo mismo con la ley de plazos. Desde el punto de vista del concepto «social», lo más importante es la igualdad de oportunidades y la atención a los más débiles. Ésa debería ser la prioridad del Gobierno, no sus batallas puramente ideológicas.
–Progreso, desarrollo social... La izquierda ha sido hábil para apropiarse de determinadas banderas, ¿no cree?
–La UE se ha construido sobre la base de las ideas que siempre hemos defendido los partidos de centro-derecha, y que se basan en la persona, en su libertad y sus derechos individuales, en su capacidad para generar el progreso. Y la izquierda hace tiempo que se ha quedado sin ninguna seña de identidad. En el caso de España, no tiene más bandera que la de las palabras huecas.
–Uno de los argumentos de Jaime Mayor en la campaña europea ha sido el de la crisis de valores. ¿La derecha asume su parte de responsabilidad en esa crisis de principios?
–En España hay una crisis económica, pero también es verdad que todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Los ciudadanos nos hemos endeudado más de lo que sería razonable. Los bancos han concedido créditos que no deberían haber dado y ahora han pasado a la actitud contraria, cuando la virtud está en el término medio. Y el Gobierno se ha instalado en la autocomplacencia y en la mentira. Además de hacer un esfuerzo económico, también hay que volcarse en subrayar la importancia del trabajo y del esfuerzo, y propugnar que se puede ser feliz sin ser el más rico de tu pueblo. ¿De quién es la culpa? De todos. Pero es lógico que tenga más responsabilidad quien tiene más posibilidades de hacer pedagogía y de tomar decisiones, es decir, el Gobierno.
–¿Dónde pone el límite del derecho de los menores a elegir?
–Hay un límite legal, que es el de la mayoría de edad. Pero la educación de los menores no es un problema de años. Los padres tenemos la obligación de educarles en libertad, pero también de inculcarles todos los principios y los valores que les conviertan en personas responsables. Que sepan elegir bien y que sean consecuentes con sus actos y sus decisiones. El Gobierno no debe dedicarse a husmear ni a tomar decisiones que afectan a la vida privada de una familia. Y esto no lo digo como dirigente político, sino como padre. No quiero que ningún Gobierno interfiera en la educación de mis hijos, ni aunque sea del PP. La base de la buena educación está en casa y, luego, en las escuelas, donde debe primar la excelencia, el esfuerzo y los valores.
–¿Y cómo se consigue ese modelo de escuela? Ustedes, los políticos, están continuamente hablando de mejorar la educación, pero luego no son capaces de ponerse de acuerdo para concretar esa reforma.
–Hacen falta cambios legales, pero también en el discurso político y en la mentalidad de la sociedad. Hay que construir un sistema más eficiente, revisar el programa de estudios y aumentar el nivel de exigencia. El problema para entendernos con el PSOE son los prejuicios ideológicos de la izquierda. Los niños no pueden pasar de curso porque sí, y tanto ellos como sus padres deben asumir y respetar la autoridad del profesorado.
–Cambiando de tercio... ¿ya no le preocupa tanto el modelo de Estado como en la pasada Legislatura? Como este asunto no está entre los ejes de su discurso...
–Espero que la etapa de la reforma de los estatutos ya haya finalizado. Está pendiente la sentencia del TC sobre el Estatuto de Cataluña, y el PP respetará lo que diga el Alto Tribunal. Ahora habría que pasar de una etapa de cesión de competencias por parte del Gobierno central a otra de más cooperación. Hace falta una ley de unidad de mercado, debe reforzarse el tronco común educativo y hay que garantizar que los derechos de los españoles sean iguales en todas las comunidades.
–¿Eso se puede conseguir cuando PSOE y PP necesitan a las minorías para gobernar?
–Yo he estado en un Gobierno que contaba con 156 escaños y que pactaba con los nacionalistas. Y en esos cuatro años no cometimos ningún disparate y sí que hubo avances del sentido común. Se puede hablar y dejar a un lado los enfrentamientos radicales que no conducen a nada. Además, el mundo va en la dirección que yo defiendo que se siga en España. Las fronteras están desapareciendo y cada vez todo está más globalizado.
–Ha proclamado que ya puede pactar con todo el mundo. ¿Por qué el nacionalismo no es tan malo en esta Legislatura como en la pasada? ¿Cree que han abandonado su soberanismo?
–Nunca voy a pactar con el nacionalismo el derecho de autodeterminación ni voy a aceptar que no se pueda estudiar en castellano en todas las comunidades. Pero sí que puedo pactar, por ejemplo, una política económica. Ya lo hicimos y fue bueno para España. Hay muchos asuntos en los que podemos buscar puntos de encuentro.Y, de hecho, ya hemos pactado bastantes cosas. Por ejemplo, ¿por qué no podemos estar de acuerdo los grupos nacionalistas y el PP en nuestra oposición a la ley del aborto?
–¿Entonces ya no representan una amenaza para España?
–Es difícil contestar porque ni ellos mismos explicitan cuál es su objetivo último. La ambigüedad forma parte de la esencia del nacionalismo. Pero hay un marco, que es la Constitución española, y dentro de él se pueden hacer muchas cosas sin vulnerar principios básicos como la libertad de las personas, la unidad nacional, la defensa de la lengua española o la integridad del Estado de las Autonomías. Hay asuntos en los que nunca vamos a estar de acuerdo, y otros en los que sí. Lo importante es deslindarlos claramente.
–La sentencia del TC sobre el Estatuto catalán puede perjudicar su acercamiento a CiU.
–La ausencia de sentencia, de momento, lo que está provocando es una gran inseguridad jurídica. Nosotros acataremos la sentencia y espero que todo el mundo haga lo mismo. Y a partir de ahí, hay que trabajar en el futuro.
–¿Qué ha sido de aquella reivindicación suya de un gran acuerdo nacional PSOE-PP para resolver los grandes problemas de España?
–El pacto en materia antiterrorista está funcionando razonablemente bien, después de que el PSOE haya cambiado de criterio. No es fácil llegar a un acuerdo en Justicia, aunque es una prioridad. Y en política económica no hay acercamiento porque Zapatero no tiene ningún interés. Entre otras cosas, porque la concibe como un elemento de diferenciación de la derecha. Actúa por motivos doctrinarios que van en contra del interés general. Yo no puedo ser cómplice de una política económica del gasto y del endeudamiento.
–A su partido también le viene mejor que no haya ese acuerdo en materia económica para no quemarse con el Gobierno en la pira de la crisis.
–A estas alturas de la vida, aunque tengo la obligación de ganar las elecciones, procuro hacer lo que creo que es justo, sensato y razonable. Si la actuación del Gobierno me parece que es buena para el interés general, siempre tendrá mi apoyo. Pero su política económica no es buena para el interés general, sino que nos está llevando a la ruina.
–El PSOE sostiene que ustedes quieren que las cosas vayan mal para mantener sus expectativas de llegar al poder.
–En todas partes hay gente mezquina y miserable. Cuando no hay argumentos, lo que se hace es agredir, como hemos visto en esta campaña electoral. Pero como también hemos visto, cada vez cuela menos.
–¿Qué hace que sea imposible que el presidente del Gobierno y usted se entiendan en algo?
–Las formas son muy buenas. El fondo soy incapaz de comprenderlo.
–¿Mantienen una interlocución privada?
–Sí, tampoco mucho, pero hablamos.
–Se ha quejado del retraso en la reestructuración del sistema financiero, ¿cuál es su propuesta?
–Que haya un plan. No quiero que vuelva a suceder lo que ocurrió con la Caja de Castilla-La Mancha, cuando de repente los españoles se enteraron de que el Gobierno autorizaba al Banco de España a prestar a la entidad nada menos que 9.000 millones de euros. Hace falta establecer unas reglas de juego, conocer qué problemas tienen las cajas, saber si se quieren fomentar o no fusiones, determinar las responsabilidades de los gestores... Insisto, lo que pido es un plan. No se puede gobernar a base de ocurrencias e improvisaciones.
–¿Pero usted tiene una hoja de ruta?
–Sí, y se la he dado al Gobierno.
–¿Y cuáles son sus ejes?
–Los conoce quien tiene que conocerlos, que es el Gobierno.
–¿Cómo casa su defensa de la despolitización de las cajas de ahorro con el titular de que Rajoy se reserva el poder de nombrar al presidente de Caja Madrid?
–Rajoy no nombra al presidente de ningún sitio y, desde luego, les garantizo que tampoco hace los titulares de los periódicos.
–Pero ésa parece que ha sido la conclusión después de la batalla en Madrid por el relevo de Blesa al frente de la caja de ahorros.
–Lo importante es que las cosas se hagan bien, y espero que ése sea el desenlace de este asunto.
–En la reforma laboral, ¿le suena bien la música del manifiesto de los 100 economistas de todas las ideologías en el que plantean un nuevo contrato indefinido con un coste de despido progresivo?
–Todo el mundo está de acuerdo en que hace falta una reforma laboral, menos Rodríguez Zapatero. Soy partidario de que se afronte y de que se hable de muchas cosas: del absentismo, de la flexibilidad en el trabajo, de la conciliación de vida familiar y laboral, y de si es bueno que haya dos tipos de trabajadores, los fijos indefinidos, con una gran protección, y los temporales, con un coste de despido casi nulo. El liderazgo lo tiene que asumir el Gobierno y presentar propuestas, como nosotros hicimos en 1997. Llevamos un año de diálogo social y sus efectos han sido nulos. Y la culpa no es de los agentes económicos, sino de quien ha renunciado a su obligación de liderar el proceso.
–No ha dicho si le parece bien la posibilidad de ese nuevo contrato de despido progresivo.
–Es uno de los temas de los que se puede hablar. El problema son los vetos que Zapatero impone al debate en determinadas cuestiones como la reforma del mercado de trabajo o la energía nuclear.
–¿Cree que deben abrirse nuevas centrales nucleares?
–No cerraría ninguna, salvo que tuviera un informe técnico en contra, y abriría un amplio debate social sobre el problema del abastecimiento energético de España. Yo estoy a favor de las energías renovables, pero son costosas y su alcance es limitado. En contra de lo que dijo recientemente el señor Rodríguez Zapatero, el mundo está mirando hacia la energía nuclear: se están construyendo centrales en Francia, en el Reino Unido, en Finlandia, en Bulgaria, en China, en la India o en Estados Unidos. No es bueno que un debate tan delicado como el del abastecimiento energético se afronte desde los prejuicios ideológicos y mucho menos desde falsedades, como hemos comprobado atónitos estos días.
–¿Qué espera de la próxima Presidencia española de la UE?
–Su preparación lleva mucho retraso y espero que no se use para hacer publicidad, propaganda y política. España debe liderar un impulso de la política económica europea para apostar por la recuperación de la estabilidad presupuestaria, establecer con claridad la función del Banco Central Europeo, impulsar reformas estructurales, mejorar la regulación del sistema financiero y defender la libertad económica. También debe hacerse un nuevo esfuerzo en inmigración, con reglas iguales para todos los extranjeros que vengan de fuera, y mejorar la cooperación en seguridad.
–¿Cómo ve la política exterior del Gobierno y su acercamiento a Obama?
–En política internacional hay que ser serio, fiable y previsible. Y el Gobierno no lo ha sido. Además se ha equivocado en sus prioridades y no se ha hecho respetar. España debe mirar hacia Europa, potenciar sus relaciones con Estados Unidos, impulsar una relación privilegiada con Iberoamérica, ocuparse del Magreb y abrirse al nuevo mundo, a China y a la India.
–Ni dentro ni fuera del PP se entiende el apoyo que está brindando al tesorero nacional, Luis Bárcenas, implicado en la investigación judicial sobre el «caso Gürtel»
–Soy el presidente del PP y debo asumir mis responsabilidades. Haré siempre lo que crea que es más justo y mejor para el interés general de España y de mi partido. Hoy sigo sin saber de qué se acusa a algunos dirigentes del Partido Popular y los afectados, tampoco lo saben. Ni la Policía ni la Inspección de Hacienda ni el Ministerio Fiscal ni ningún tribunal se han dirigido a ellos ni verbalmente ni por escrito. Sólo saben lo que saben por los medios de comunicación. Y algunos llevan cuatro meses en el centro de la diana sin tener posibilidad alguna de defenderse. Sin duda que el Estado de Derecho puede mejorar. Yo no tengo en este momento información suficiente para tomar ninguna decisión, pero tengo que defender la presunción de inocencia.
–Tendrá, al menos, la información que le hayan dado ellos, ¿no? ¿Qué es lo que le haría sentirse liberado del apoyo que está ofreciendo, por ejemplo, a Bárcenas, quizás la pieza más delicada? ¿Una imputación por parte del Tribunal Supremo?
–No, sólo la convicción de que se han cometido irregularidades. Hay dirigentes del PP que han estado imputados, como José Manuel Soria, presidente del PP de Canarias, y después de una sucia campaña del PSOE, ahora le han archivado todo. Si yo le hubiera echado del partido por estar imputado, ¿qué pensaría el señor Soria del presidente nacional del PP? ¿Hubiera sido justo? Estamos ante un asunto en el que uno debe actuar en base a sus convicciones y a su conciencia. Y yo no me voy a dejar presionar por nada ni por nadie. Tengo que intentar ser justo y voy a serlo.
–¿El escrito del juez instructor del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, en el que habla de un posible delito fiscal y de cohecho por parte de Bárcenas y de otros dos aforados, no le ha suscitado ninguna inquietud interna?
–He visto una nota de prensa de medio folio. Y a estas alturas de la vida, uno no puede basarse en eso para emitir un juicio.
–¿No le preocupa el desgaste del PP? Porque dentro de su partido hay muchas voces a favor de que Bárcenas deje el control de las finanzas hasta que se aclare todo.
–No creo que esto vaya a perjudicar en nada al PP. La gente tiene la suficiente capacidad para discernir. Lo que nos puede perjudicar es hacer lo que no debemos, por ejemplo, cometer una injusticia por actuar de manera precipitada.
–Y en clave general de lucha contra la corrupción, ¿la infiltración de esa supuesta trama liderada por Correa en las filas del PP le ha provocado alguna reflexión interna, por ejemplo sobre la necesidad de aumentar los controles?
–La sociedad no es perfecta y los partidos tampoco. Creo que la mayoría de los dirigentes políticos son honorables, pero la noticia no es el honrado, sino el corrupto. La normalidad y la decencia se presuponen, claro. En cuanto a los controles, ya los hay, y se intenta que funcionen; en cualquier caso siempre es bueno hacer un esfuerzo por mejorarlos.
«No renuncio a echar a ANV de la política»
–¿Asume que no es posible echar a ANV de los ayuntamientos?
–Sé que no es fácil, pero, por supuesto, no renuncio a dar esa batalla. Gobierno, oposición y tribunales debemos hacer el mayor esfuerzo para evitar que las franquicias de ETA estén en las instituciones.
–¿El Gobierno debería intentar acumular más pruebas contra Iniciativa Internacionalista?
–En la lucha antiterrorista el Gobierno lo está haciendo bien. Ahora bien, cualquier esfuerzo es poco.
«Me siento apoyado por José María Aznar y por Rato»
–¿Cómo se siente después de su último examen, el de las elecciones europeas?
–He aprendido a mantener un estado de serenidad con independencia de los momentos malos, regulares o buenos. La vida da muchas vueltas. Ahora afronto una nueva etapa con más ganas e ilusión que nunca. Y con importantes objetivos, como el de empezar a preparar ya las próximas elecciones autonómicas y municipales. Hemos llegado donde hemos llegado y el siguiente paso es perfeccionar nuestra alternativa y ganar la confianza de más españoles.
–¿Pedirá a Esperanza Aguirre que repita como candidata en la Comunidad de Madrid, como ya ha anunciado que quiere que haga Gallardón?
–Sí.
–¿Da por cerradas todas las heridas que se abrieron en el PP en aquella etapa convulsa que precedió al Congreso de Valencia?
–¿Ven ustedes alguna cicatriz?
–Con el traje, no se sabe...
–Pues mírenme lo que se ve.
–¿Se siente apoyado por el ex presidente del Gobierno José María Aznar y por el ex vicepresidente Rodrigo Rato?
–Me siento apoyado por el partido y por ellos también, y eso es muy reconfortante.
–Entonces, el Partido Popular es por fin un partido unido...
–Así lo creo. Es verdad que hemos pasado por algunos momentos difíciles, pero hoy el PP es un partido cada vez más grande y más unido.
























Envía esta noticia a un amigo