Eloy Fernández Porta lidera a una nueva generación de jóvenes estudiosos que miran la cultura pop con el rigor academicista de la investigación univesitaria
Ensayistas de lo «cool»
BARCELONA- La sociología, la filosofía, la epistomología, la crítica literaria, todos estos términos a priori tan sesudos y aburridos viven en estos tiempos una renovación. Los responsables, una nueva generación de jóvenes ensayistas que, con el rigor de la investigación universitaria, quieren explicar el mundo moderno a través de un nuevo prisma. ¿Cuál? Uno en el que Paris Hilton no es una ricachona con mucho tiempo libre, sino la catalizadora ideológica de la cultura del placer, o en el que los silbatos de los patos son la mejor metáfora política. Beinvenidos al ensayo-espectáculo. Afterpop y otros nombres raros La cabeza visible de esta nueva generación es Eloy Fernández Porta, que acaba de publicar «Homo Faber. Tiempo y consumo en la era afterpop» (Anagrama), un complejo y entretenido álbum razonado de la cultura contemporánea. «Hay dos vertientes académicas, la caspa y la ¿cool¿. La caspa es la investigación seria, rigurosa, acumulativa, nada glamurosa. La ¿cool¿ es la más retórica, florida e irónica. Si tratas temas de cultura pop con una aproximación ¿cool¿, te quedas en la revista de tendencias. Pero si te aproximas a esta cultura de consumo desde la investigación, la caspa, esa es la nueva vía del ensayo del futuro», señala Fernández Porta. Entre los nombres de esta nueva generación también destaca Beatriz Preciado que en «Testo Yonqui» (Espasa) acaba de dar nuevas vías al ensayo a través del testimonio personal, en páginas en que describe su propia intoxicación de testosterona. Foucault, teoría Queer, anulación de la teoría de géneros y sarcasmo se mezclan para hablar de la nueva cultura del placer comparando a Paris Hilton con Walter Benjamin como fuente intelectual y ganando de paliza la heredera hotelera. «Se trata de tomar conciencia de que nuestra sexualidad es un sistema abierto, una ficción colectiva, en las que podemos intervenir de forma más o menos normativa o creativa», explica esta profesora de historia del cuerpo en la universidad de París. Las nuevas tecnologías son la base de muchos de estos estudios y algunos incluso se sirven de ellas para la difusión de sus ideas. Casos como Raúl Minchinela y sus delirantes «Reflexiones de repronto», o el blog de Ibrahim Berlín, son paradigmáticos. En ellos la ironía y el humor absurdo sirven de arma para analizar cosas como las elecciones americanas o la relación entre la revolución y el bridge. «El ensayo es una rama de la sátira desde su perspectiva crítica. Yo siempre digo que quien no se ría ni una vez leyendo mi libro, le devuelvo el dinero», asegura Fernández Porta. Jóvenes pero muy preparados Otra de las nuevas luminarias de esta generación sería Vicente Luis Mora que con «Pasadizos. Espacios simbólicos entre arte y literatura» (Páginas de espuma) ganó el I Premio Málaga de Ensayo. Todos estos nombres tienen cosas en común, como su edad, nacidos en los primeros años de los 70, y su gran formación, completadas en prestigiosas universidades estadounidenses, francesas o británicas. Su sólida cultura les permite acercarse sin complejos al universo kitsch y tratarlo de igual a igual a la llamada alta cultura. No en vano Jorge Herralde, editor de Anagrama, define a Fernández Porta como «una mezcla entre Walter Benjamin y un quinqui». «Para cuestionar el tiempo que te ha tocado vivir hay que entrar en él hasta las últimas consecuencias», sentencia el ensayista.






















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