Un estudio jurídico critica las leyes matrimoniales del Gobierno
«Es más fácil divorciarse que dar de baja el teléfono móvil»
MADRID- Un operador de telefonía móvil puede exigir un compromiso de 12 o 18 meses para mantener la línea antes de darse de baja. Sin embargo, con la ley del «divorcio exprés», aprobada en 2005, una pareja puede poner fin a su relación en tres meses. Ésta es una de las conclusiones del estudio «El matrimonio: ¿contrato basura o bien social?», presentado ayer por «The family watch», nuevo observatorio internacional de la familia impulsado por la International Federation for Family Development. Este organismo tiene carácter consultivo en Naciones Unidas. «El título se refiere al matrimonio tal como se vive en España», comenta Carlos Martínez de Aguirre, catedrático de Derecho Civil y presidente del observatorio. «Entender el matrimonio como contrato, que se puede rescindir en cualquier momento, es el equivalente al contrato basura en el mercado laboral», añade. La génesis del trabajo se encuentra en una reunión celebrada hace dos años, en la que cerca de cuarenta juristas constataron que «el debilitamiento del matrimonio facilitado por la legislación no beneficia ni a la pareja ni a los hijos ni al conjunto de la sociedad», comentó Ignacio Socías, director general de «The family watch». Los juristas creen que, desde el «divorcio exprés», la institución matrimonial «es más frágil y se rompe más». «El legislador parece más interesado en provocar el fracaso que evitarlo», añade Martínez de Aguirre, que en este sentido se refirió a la escasez de políticas familiares, como la conciliación entre vida familiar y laboral. «No existen medidas preventivas», sentencia. Aparte, considera que «se ha tratado de hacer justicia con todas las situaciones igualándolas ¿por abajo¿. Como si se llamara propiedad a cualquier uso de una casa: compra, alquiler o donación», dijo Socías. Por su parte, el catedrático se refirió a los nuevos modelos de familia, como el matrimonio gay aprobado por el Ejecutivo. «Que cada modelo tenga su traje, su regulación jurídica propia. No el mismo traje para todos». Y es que, afirmó, «hay modelos que funcionan mejor que otros». No pasaron por alto «los costes altísimos que tiene todo divorcio, con una gran incidencia social y económica. En Inglaterra, los costes sanitarios acarreados por los divorcios provocaron que se estudiara cómo evitar las consecuencias». Como alternativas al divorcio, el catedrático citó el ejemplo de Estados Unidos. «En algunos estados, las parejas tienen dos opciones: elegir entre un matrimonio libremente disoluble o uno que no lo es. En éste, sólo cabe el divorcio por causas muy concretas, como el adulterio. Y antes de consumar la separación, deben acudir a un asesor matrimonial».






















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