ESENCIAS DE DEMOCRACIA
Hace días leía un artículo en el que su autor, Santiago González, recapitulaba lo que para Rodríguez Zapatero es la esencia de la democracia. De su tarro de esencias han salido aromas variados. Así, el 11 de enero de 2003 decía que la esencia de la democracia es la «participación»; el 13 de mayo de 2003, lo era «la igualdad»; el 22 de julio de 2003, pasó a serlo «la aceptabilidad (sic) de la derrota», y el 10 de marzo de 2005, «nuestros derechos y libertades irrenunciables». La «Constitución» emanó como esencia el 16 de julio de 2005; curioso fue el efluvio que salió de ese tarro el 23 de mayo de 2006: la esencia de la democracia es la «cintura» y, a propósito del último bombazo de ETA, el 31 de diciembre de 2008, esa esencia lo son los medios de comunicación. Ignoro qué entenderá por «esencia». La que tengo yo no es de mi cosecha, sino que la aprendí estudiando a Santo Tomás y Aristóteles: esencia es lo que hace que algo sea lo que es. Es decir, todo lo real «es», existe; pues bien, lo que hace que una cosa que existe sea eso que es y no otra cosa, eso es la esencia. Como se puede comprobar esa filosofía es la del sentido común y la historia demuestra cómo el apartarse de ella ha traído tantas desgracias. En cuanto a la «democracia», como organización de la vida en común y del ejercicio del poder, implica que el poder legítimo emana de los gobernados y responde a su voluntad mayoritaria con respeto a los criterios minoritarios. Los gobernados pueden elegir y sustituir a quien gobierna y el ejercicio del poder está limitado por los derechos y libertades de los ciudadanos, por sistemas formales de control y de exigencia de responsabilidad. Luego si nos preguntamos por la «esencia de la democracia» es que nos preguntamos si el sistema político que tenemos resulta reconocible en esos criterios. Perdóneme el lector estos discursos pero es el presidente del Gobierno quien se toma la molestia de recordarnos cada cierto tiempo qué es la «esencia de la democracia». Y me parece bien. Otra cosa es que no siempre coincidamos. Su parecer, como se ve, es un tanto fragmentario y parece no responder a una idea global. Unas veces es la «participación, otras «la igualdad» o va al bulto y apela a los «derechos y libertades» o tiene una visión muy coyuntural como son los «medios de comunicación» más que la formación de una opinión plural y libre. O algo tan indeterminado como la «cintura», sin precisar si esa esencia está en la cintura como sinónimo de tactismo o si se refiere a la cintura hacia arriba -sería algo noble: sinónimo de capacidad intelectual- o si a juzgar por la publicidad del Ministerio de Sanidad, piensa que la esencia de la democracia está de cintura para abajo. Lo que no aparece emanar de ese tarro de esencias es el juego de mayorías y minorías. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la inminente reforma del aborto, que sacrificará a miles de seres humanos no nacidos y causará más dolor y violencia a la mujer, rehenes de los beneficios de la industria abortista y tributo al feminismo salvaje. Otro tanto ocurre con esa operación de ingeniería social que es la Educación para la Ciudadanía: desde el poder se pasa por encima de miles de padres que se oponen a tal asignatura o cuando el 80% de los padres quieren educación religiosa para sus hijos y la asignatura de Religión queda orillada en los planes educativos. O cuando se anuncia una reforma de la ley de libertad religiosa para ir del sistema constitucional de Estado aconfesional a otro laicista. Y me pregunto, ¿es la «esencia de la democracia» ignorar la realidad de que la confesión católica es la abrumadoramente mayoritaria?, ¿se respetan esas esencias igualándola con otras confesiones minoritarias? ¿O se respetan esas esencias cuando las reformas sobre matrimonio o familia perjudican a la imagen natural de los mismos para satisfacer al lobby homosexual? También podríamos preguntarnos si ese tarro de esencias encierra la idea de que el poder esté sujeto a Derecho, es decir, si el Estado de Derecho o la independencia del Poder Judicial forma parte de la esencia de la democracia. Lo pregunto porque veo al presidente del Gobierno ponerse a la cabeza de las manifestaciones contra el Poder Judicial o forma parte ya del paisaje nacional la politización de los órganos constitucionales o de los órganos de control y supervisión económica o la idea de que se puede reformar la Constitución a golpe de estatutos de autonomía que se desarrollan sin saberse si son o no constitucionales y se ningunea al Tribunal Constitucional, quizás porque se da por hecho qué resolverá. Pero viendo las guerras que se libran por el control de Caja Madrid y por el reparto de puestos, o viendo que nadie responde cuando los servicios públicos no funcionan, me pregunto si en el tarro de las esencias de la democracia no estará, además, la responsabilidad. José Luis Requero es magistrado






















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