Felipe vs Tita
Decididamente, el nivel del escalafón en el paseíllo de las figuras lo acaba dando el cartel de la primera plaza en el escaparate de la fama: la portada del «¡Hola!». Por eso ha sido una gran revolución en el ruedo la aparición apoteósica de Felipe González como nuevo triunfador en dorado y rosa con un reportaje sobre su nueva vida romántica, mientras que la que ocupaba el sitio habitualmente cada dos por tres con sus exhibiciones de hacienda y mobiliario, Tita Thyssen, se limita a asomarse por el burladero con las fotos de su mansión madrileña, que acaba quedándose en casita de muñecona ante la gloria sentimental del antiguo gran estadista en estado de nuevo arrobo.
La evolución del marxismo
Felipe en el «¡Hola!». Las señoras lo miran y se les pone el peinado de punta. Como si todavía les costara entender su presencia en las páginas de limpio satén, como uno más del club de los cuentos de hadas, cuando a mí lo que me parece extraño es que haya tardado tanto tiempo en salir. Incluso tengo entendido que no es muy bien visto entre el vecindario del piso en el barrio de Salamanca que va a ocupar, con la señora Queipo de Llano dispuesta a encabezar un alzamiento de bloque en plan «Aquí no hay quien viva». Como si todavía no se supiera que la evolución natural del marxismo socialista español conduce a formar parte de la «beautiful people» y el pijerío forrado.
Ahora hasta quieren criticar a la novia del ex presidente, Mar García Vaquero, que, como ella dice, lo único que ha hecho en su vida es trabajar. Sólo falta que se le acerquen los periodistas y le digan como en el anuncio: «¿García Vaquero? ¡Ay, me encanta su queso, el fresco, el curado, el semicurado!». Pero para curado de espantos y curtido de trayectorias de ida y de vuelta ya está don Felipe. Y, ya puestos a reportajes, el de más interés siguiendo la cadena sería el de un todavía no anunciado divorcio con su santa de toda la larga carrera, doña Carmen Romero. Más que nada, por saber cómo se reparten los bienes gananciales después de todos estos años. O, por un casual, conocer dónde se encuentran.




















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