Globos
El año pasado la ceremonia de los Globos de Oro no se celebró por la huelga de guionistas, que vino a demostrar que el mundo del cine se queda «en albis» si no tiene quien le escriba. Por otro lado, es lo que mucha gente desearía que fueran algunas de esas galas interminables llenas de chistes sin gracia y agradecimientos requetetrillados. Pero este año vuelve el esplendor, el «glamour» y los globos hinchados de lo que se ha venido a calificar como antesala de los Oscar, aunque hace ya mucho tiempo que están dominados por las estrellas de la televisión, donde los españoles nos quedamos con lo que ya se nos ha hecho costumbre, que es ver, si a falta de Almodóvar, Bardem y Penélope Cruz se llevan algo, aparte de saber si se siguen llevando bien y siendo pareja. «Vicky Cristina Barcelona» no es la mejor película de Woody Allen. El papel de Bardem dista del lucimiento de bicho raro que tenía en «No es país para viejos», que tanto gusta en estos casos y que esta vez está reservado para Brad Pitt haciendo de niño viejo. Pero Penélope sí está espléndida, llena de garra y magnetismo, y se merece subirse al globo después de los premios de la crítica. Poco a poco, la chica se nos va convirtiendo en una actriz de las que marcan época, todavía guardando futuros caracteres de mito. Aquí, más de globillo con el gas contado, se presentaron los nominados a los Goya, con guión previsible reflejando ruinas y lampancias. Para mí, lo más destacable, es el de honor que le van a dar a Jess Franco, un tipo inimitable no subvencionado, capaz de hacer sin un duro tres películas a la vez, una de miedo, otra porno, y otra de aventuras. Eso sí, es un cineasta atípico superando adversidades ¡Viva el tío Jess y su globo mental!






















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