Víctor FERNÁNDEZ
Asistí esta semana a una proyección privada de la película que se ha rodado sobre Jaime Gil de Biedma. Probablemente usted, amable lector, habrá tenido la gentileza las páginas que este martes le dedicamos al tema en este diario.
No seré yo quien juzgue ahora la película. Todavía me gustaría asimilar un poco más una historia que conozco, por leerla en los propios papeles del poeta y en la biografía que en su momento Miguel Dalmau le dedicó. Lo que sí me parece más justo es invitar a una reflexión.
El próximo 8 de enero se cumple el vigésimo aniversario de la muerte del poeta, casi un mes más tarde de que se cumpla la misma efeméride respecto al fallecimiento de su amigo Carlos Barral. Estas fechas me parecen un momento oportuno para que hagamos balance de lo que supuso una generación literaria extraordinaria, la que se formó precisamente en la Barcelona de los años 50.
Carme Riera lleva tiempo estudiando el tema, pero me parece que necesitamos más bibliografía, saber más de autores como Goytisolo, Valente, Blas de Otero... Por ejemplo, de este último, todavía no me consta que existan unas obras completas que merezcan ser llamadas de esa manera.
También la ciudad está en deuda con estos poetas y editores. Algo debería hacer este Ayuntamiento para perpetuar el recuerdo. ¿Por qué no una calle Jaime Gil de Biedma a inaugurar el próximo 8 de enero?