James Bond
Sospechosos habituales Recuerdo cuando las películas de Bond estaban prohibidas para menores. Ver una te daba un prestigio en el colegio digno del que regresaba de una aventura llena de peligros, territorios secretos y pecaminosas fantasías. Aún considero como una de las hazañas más memorables de mi niñez la tarde en que, con mi hermano Carlos y Alberto García Alix y los suyos, logramos colarnos en un cine donde se proyectaba «Sólo se vive dos veces». Ahora, Alberto triunfa sin abandonar nunca el riesgo, a la vista de su magnífica retrospectiva en el Reina Sofía, como un Bond sin Aston Martin y con Harley Davidson, dandy con la elegancia cruda tatuada en mil batallas, con licencia para disparar su cámara con certeza implacable. En la fiesta que ofreció después en el pub «The quiet man» sólo faltaba John Wayne o incluso Sean Connery, entre Hell Angels, poetas locos, supervivientes de la Movida y espectaculares damas perturbadoras. En cuanto al último James Bond, nada como presentarse con trepidancia de cohetes, traca y mascletá en Valencia. Estos tiempos hacen que ya ni pida el vodka martini agitado, no batido, tal vez cambiándolo por la horchata, y que sus habituales peripecias de falda en falda se queden simplemente en seguir las piernas inalcanzables de Olga Kurylenko, que tampoco es moco de pavo. En el fondo, puede que las mozas de armas tomar del Ayuntamiento valenciano, desde Rita Barberá a María José Alcón, sean sucesoras de chicas Bond como Ursula Andress y Britt Ekland. Mientras esperamos para bailar la banda sonora de «Quantum of solace», donde tenemos actor de fuste como Fernando Guillén Cuervo, nos enteramos de que Daniel Craig ha interpretado a Lorca en «Bodas de sangre». Le queda hacer una de misterio sobre la tumba del poeta, con el juez Garzón de héroe o malvado. Queda por ver cómo se desarrolla la trama.




















Envía esta noticia a un amigo