La Begum
En «Cómo casarse con un millonario», Marilyn Monroe descubría la manera más facilona, facilona ella, de ahorrarse una pasta en el repinte de las mechas: calzarse un rico que pagara las facturas. Una lección de vida tan vigente hoy que, sin rascarnos demasiado los bolsillos, cualquiera podríamos soltar de corrido, con perdón, unos cuantos nombres de braguetazos consentidos, de cheques emitidos a cuenta de la pelu y de cruceros hasta Usera a cambio de un garbeo por los bajos del amor. Las crisis, lo mismo que suelen servir para tirar del butacón a quienes no merecían llevárselo tan crudo, maridos de lagartonas incluidos, valen también para que la picaresca renazca y convierta a Marilyn y demás en una panda de santurronas, demasiado finas ellas como para remangarse la falda por un puñado de dólares. Esto no va por alguna de las de siempre, eso otro día, sino porque en Bombay han pillado a una ambición india en vez de rubia que, dispuesta a emular a las chicas de Negulesco, se casó con diez hombres forradísimos todos, los desplumó, se colmó de joyas el sari y si os he querido no me acuerdo. Divorcio va divorcio viene, la mantis tiene 26 años de ilustre carrerón y se llama Kausar Begum, nombre que suena a Bollywood y a casa de señora bien con vistas al «¡Hola!». A estas alturas, Begum estará cambiando el oropel de tanto mangoneo por un atuendo más acorde con el centro penitenciario al que tiene previsto mudarse, pero queda para la Historia su hazaña sin par: diez tíos desplumados en el corazón del país con más ricos por cada millón de pobres y ella convertida en la mata-hari del braguetazo, en ese icono «kitsch» de la picaresca en tiempos de crisis. La película, próximamente en los mejores cines.




















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