Fangoria, previsible y eficaz, vivió su noche en Madrid
La fiesta más petarda
Condecorada de día, estrella de noche. De la Presidencia de la Comunidad de Madrid (recibió la Gran Cruz de la Orden del 2 de Mayo) al Palacio de los Deportes para presentar «Absolutamente», el último trabajo de Fangoria. Casi dos décadas después de iniciar su particular reinvención, el grupo de Alaska y Nacho Canut se enfrentaba a su primera gran cita (festivales al margen) con un recinto de estas dimensiones. En blanco y negro Pincharon en taquilla (unas 5.000 personas, menos de media entrada), pero era su noche, y se aprovecharon de ella apoyados en un atrezo en blanco negro, bailarines pelín horteras y coreografías resultonas, incluyendo las cadenas que atraparon a una Alaska pseudogótica en «Retorciendo palabras». Previsibles, aunque sin perder la eficacia, encadenando éxito tras éxito («No sé que me das», «Criticar por criticar», «Miro la vida pasar»), con «Absolutamente» como rompepistas más descarado. Obviaron casi completamente las guitarras para dejarse llevar unas veces por un pop marca de la casa y otras, la mayoría, por una electrónica de trazo grueso, sin resquicio para la especulación. Olvídense de los matices: fue un santuario «bakala», recibido con júbilo por un público para el que la época de Dinarama y Pegamoides parece pertenecer a la Prehistoria. Porque los seguidores de Fangoria han ido rejuveneciendo, igual que unas canciones que en el interior siguen pegadas al melodrama, pero que de puertas para fuera están reservadas para la fiesta más petarda.






















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