Cambiar a cuatro jefes de gabinete y a tres de Comunicación revela serios problemas de liderazgo
La ministra calamidad
Cuando una ministra cambia cuatro veces al jefe de gabinete y tres al de Comunicación es que tiene serias dificultades para relacionarse con su equipo. A Magdalena Álvarez muy pocos le entienden lo que dice y casi nadie lo que piensa. Ante frases como «Hay mucha nieve porque ha nevado mucho» sólo caben dos posibilidades: extasiarse ante su profunda simplicidad o salir huyendo ante la simplicidad profunda de quien la pronuncia. Si doña Magdalena fuera, por ejemplo, ministra de Igualdad o de Culura no habría por qué preocuparse. Pero resulta que lo es de Fomento, Ministerio que bajo su mandato bien podría llamarse del Caos, el Pedrisco y otras Catástrofes. Es verdad que no tiene la culpa de que nieve mucho, de que la lluvia desborde los ríos, de que se caigan los aviones o de los socavones del AVE. Pero sí es la responsable de activar los mecanismos del Estado para hacer frente a las calamidades. Y es aquí cuando se trastabilla, da ruedas de Prensa con faltas de ortografía y endosa sus fallos a los demás; como hizo con la gran nevada de Madrid, al esconderse detrás de Aguirre y Gallardón. Aún no ha comprendido que cuando se produce una emergencia es obligación de la ministra de Fomento arremangarse, ponerse al frente de la tropa y coordinar a todas las Administraciones. Son ya demasiados los casos en los que el Estado de las autonomías ha fallado estrepitosamente por falta de coordinación ante catástrofes naturales o accidentes, algunos tan trágicos como el incendio de Guadalajara. Y el primer responsable de que esto suceda es el Gobierno de España. Zapatero ha querido solucionar este desbarajuste de competencias creando la polémica Unidad Militar de Emergencias. Sin embargo, no parece que haya servido de mucho en la gran nevada madrileña. Salvo para limpiar en Barajas los accesos al servicio de maletas, no hay noticia de que hiciera nada más. Está claro que, desde los tiempos de la Armada Invencible, al Ejército no se le da nada bien luchar contra los elementos. Y no digamos si es la ministra Calamidad la que dirige las operaciones.




















Envía esta noticia a un amigo