La «obamanía» no cala en Pekín
La gira del presidente de EE UU pasa inadvertida entre los chinos / La censura televisiva aumentó el desinterés
Mucho se ha hablado estos días de «Obamao»: la fusión de las imágenes de Obama y Mao Tse Tung, una moda tan explosiva que incluso ha tenido que ser prohibida por el Gobierno chino en vísperas de la gira del presidente estadounidense. Demasiado ruido para las escasas 300 camisetas que había vendido el titular de la ocurrencia, un tal Liu Mingjie, cuando fue retratado por la prensa extranjera como ejemplo de la «fiebre por Obama en China».
«La mayoría de mis clientes son extranjeros», dijo a mediados de septiembre Liu, que tiene una tiendecilla para turistas en el lago Houhai de Pekín. Será porque no han permitido baños de masas como el de Berlín, porque la censura ha marginado la cobertura televisiva o, quizá, por el abismo cultural que media entre Washington y Pekín.
Lo cierto es que la gira de Obama por el gigante asiático ha dejado indiferentes a la mayoría de los chinos. «A mi me da igual el americano. Tenemos muchos políticos aquí para preocuparnos de los extranjeros», refunfuñaba un albañil pocos minutos después de que el «Air Force One» despegase de vuelta, rumbo a Seúl.
«Si viene es porque le interesa a Estados Unidos, no por nosotros», recordaba Yang, un informático de Pekín. «Todo son frases diplomáticas, no me creo nada», desconfiaba Zhang, universitaria. «¿Quién? No sé quién es pero si es amigo de China, bienvenido», remataba Shen, una ex maestra de 65 años.
Es cierto que desde que Nixon hizo historia con la primera visita en 1972, cinco presidentes americanos han seguido sus pasos y tampoco despertaron pasiones ni muestras espontáneas de afecto.
Pero corren tiempos de «obamanía» y gracias a internet millones de chinos siguen las noticias del extranjero, por lo que las expectativas eran altísimas.
La propia Casa Blanca buscó fabricar imágenes para constatar que la popularidad de su presidente también ha traspasado la Gran Muralla.
La reunión con universitarios en Shangai, donde Obama pudo desplegar sin limitaciones sus encantos, apenas la vieron las 7.000 personas en la web de la Casa Blanca y unos cuantos más a través de una cadena local minoritaria, la única que recibió permiso para emitir el evento.















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