Presenta en la Berlinale su nueva película, «Chéri», en la que encarna a una prostituta de lujo que ve su belleza afectada por el paso del tiempo

La segunda juventud de Pfeiffer

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11 Febrero 09 - Sergi Sánchez- Berlín

Cuando una periodista acongojada, casi con lágrimas en los ojos, le preguntó cómo conseguía estar tan bella a los cincuenta, Michelle Pfeiffer respondió: «Cuando trabajo, me cuido; cuando no trabajo, procuro no estar visible». Visiblemente tímida, y acompañada por un Stephen Frears que parecía sentir la necesidad de dinamitar con un cinismo de lo más prepotente las preguntas de los periodistas, Pfeiffer presentó ayer en la Berlinale «Chéri», adaptación de una novela de Colette que la reúne, veinte años más tarde, con el director (Frears) y el guionista (Christopher Hampton) de «Las amistades peligrosas», y que habla, precisamente, de los efectos del paso del tiempo en el rostro y el cuerpo de una mujer que se ha ganado la vida vendiendo su belleza. «Hollywood te permite envejecer», explica Pfeiffer, «pero lo cierto es que cuanto mayor te haces, menos papeles interesantes te ofrecen». La comparación, en bandeja de plata: Léa de Lonval, prostituta de lujo en el París de la Belle Époque, es como una actriz de Hollywood entrando de puntillas en esa edad en que querer ser una belleza icónica resulta casi una broma de mal gusto. Las frecuentes alusiones a la edad de la heroína de «Chéri» contrastan con el magnífico aspecto de una Pfeiffer que defiende a capa y espada su personaje, aunque la verdad es que lo tiene bastante fácil dada la ineptitud de su rival masculino, Rupert Friend. Los problemas de la película proceden precisamente de la debilidad interpretativa de éste, incapaz de aportar una cierta entidad dramática al conflicto que pone en marcha a su personaje; esto es, estar enamorado de una mujer mayor que él, cortesana para más señas, y tener que aceptar a regañadientes un matrimonio de conveniencia. Si en «Las amistades peligrosas» Frears optó por hacer una película de época sin decorativismos, centrada en los primeros planos de sus actores, en «Chéri» las bondades de la música (de Alexander Desplat), la fotografía (de Darius Khondji) y el diseño de producción ocupan un lugar predominante, y convierten esta historia de amor de corazón trágico y piel irónica en un melodrama eficaz pero un punto insustancial. Un chino en Broadway Más películas a concurso. Desmaquillemos a «Forever Enthralled», del chino Chen Kaige, y ¿qué nos queda? El deseo de su desorientado director de volver al territorio de la sobrevalorada «Adiós a mi concubina» relatando la vida y milagros de Meifeilang, un célebre actor de la ópera china que llegó con sus gorgoritos hasta Broadway. Morosa y afectada, «Forever Enthralled» se situó en el extremo opuesto de «London River», de Rachid Bouchared, modesto drama social en el que una granjera inglesa (notable Brenda Blethyn) y un guarda forestal africano buscan a sus respectivos hijos en el Londres de los atentados de 2005.

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