«Larra no se habría suicidado hoy»
-Hoy se cumple el bicentenario del nacimiento de Mariano José de Larra (Madrid, 1809-1837). ¿Cómo le hubiera gustado celebrarlo? -Caminando solo por el Paseo del Prado. No era hombre dado a fiestas. Era retraído, escéptico, reflexivo, misántropo. No le gustaba la gente. -Bueno, parece que le gustaba la aristocracia... -Sólo porque era culta y limpia, no porque amara el lujo. -Sí fue un dandy... -Sólo para distanciarse de la suciedad y la vulgaridad. -Es autor del libro «Larra. Biografía de un hombre desesperado» (Aguilar). ¿Era un desesperado de nacimiento o luego le desesperó España o...? -Le desesperó España. Fue un afrancesado, un ilustrado apasionado. «Mi vida está condenada a decir lo que otros no quieren oír», dijo. -Esa frase es muy válida hoy, ¿no? -Con matices. Larra no se habría suicidado hoy. Estaría en la oposición, como siempre. -Usted es pariente del escritor y su abuelo, que fue biznieto de Larra, le transmitió la idea de que dio su vida por España. O sea, que fue un patriota... -Fue un patriota enorme, un español al que no le gustaba España. Pero no fue un héroe. Le aterrorizaban los héroes y los mártires. -¿Quién se suicidaría hoy porque España le desgarra o desespera? -Creo que nadie. No nos importa tanto España como le importó a él. Y ésta no es la España de entonces, que tenía un 80 por ciento de analfabetos. -No quería su abuelo que tuviera la visión, tan extendida, de que Larra fue un chiquilicuatre débil que se pegó un tiro por el amor de una mujer... -Es que eso no define a Larra. Fue una parte de su vida. -¿Es débil o un valiente quien se pega un tiro en la sien? -Yo creo que es un valiente. Larra vio que su patria no podía cambiar y se suicidó por frustración, impotencia. Dolores Armijo, su amante imposible, sólo fue la gota de agua que colmó el vaso de su desesperanza. -Larra quería el progreso, la libertad, el estilo, la civilización. ¿Un imposible en la España de aquellos tiempos? -Totalmente imposible. Él tenía una mentalidad de otro tiempo. Quería lo mejor para su país, y no encontró respuestas. -«La libertad no se da, se toma», dijo. Vivió luchando contra la censura... -La burlaba con ironía y cambiando de seudónimo: El Duende, El Pobrecito Hablador...Diez hasta que llegó a Fígaro. -¿Y los españoles le entendían? -No le acabaron de entender. Creyeron que era un humorista, alguien que hacía chanza de las cosas. Le desesperó que no le entendieran. -Dice usted que intentó cambiar España con su rebeldía. ¿Qué consiguió? -Que hoy, 200 años después, estemos hablando de él. -Le dolía aquella España. ¿Qué le dolería de la España de hoy? -Le dolería la falta de ética a todos los niveles. Le dolería lo de siempre, menos la falta de libertad. -«Después de tan larga esclavitud, es difícil saber ser libres», dijo. -Hoy somos libres hasta para no ser libres. España es un país muy libre. -«Aquí yace media España, murió de la otra media» (Larra).






















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